Ernesto Rangel Domene

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Nota; (…(…)… En El canto urbano, Rangel Domene nos deja una concepción integral de lo humano (demasiado humano, diría Nietzsche). Es un canto schilleriano de amor a la humanidad. Y que el autor nos explica en el proemio a su poema grandioso. Una convocatoria a la alegría, la paz, la convivencia “para que prevalezca entre nosotros la fraternidad, la inteligencia y la concordia”. Este poema es un himno. Uno de sus versos reza: “Yo quiero alzar mi voz enamorada”. Darse a la lectura de El canto urbano es nadar desde mar adentro a la playa y caminar a las ciudades. Toda la obra de Rangel Domene nos lleva, verso a verso, prosa a prosa y canción a canción, por entre los senderos de la vida para amarla como él amó a su esposa, a sus hijos, a sus amigos, a la vida…

Por el Periodista;
Álvaro Cepeda Neri

en
Contralinea.com.mx )

***

La Universidad Autónoma de Nuevo León.

Departamento de Difusión Universitaria.

Monterrey,N.L. México 1975.

 

EL CANTO URBANO

Por Ernesto Rangel Domene.

con cuatro dibujos

de

Guillermo Ceniceros

*****

 

Contenido

PREFACIO

EL CANTO URBANO

I.-La estatua verde

II.-El Jardin solitario

III.-La soledad vencida

IV.-Horrores de la guerra

V.-Himno a la paz

VI.-Coro final

Nota biobibliográfica por M.R.V.

 

P R E F A C I O 

 

El poeta es un demiurgo, atendiendo al girego demos público, y ergon trabajo; propiamente el que trabaja para el público. También el poeta es fundamentalmente un creador: La palabra girega póiesis significa creación, y uno de los sentidos del término creación en filosofía  <>, según Ferrater Mora. <> afirma Hölderin.” 

Hago esta introducción para centrar el sentido de la creación de El Canto Urbano. Podríamos decir , con las debidas reservas,  que es un poema sinfónico dentro de los límites que es racional hacer analogías, correspondencias o paralelismos entre música y poesía. Después de todo la poesía es hermana de la música, y quién sabe si de verdad podamos distinguir claramente una de otra, salvo porque la primera usa a la palabra, que también es ritmo, sonido y armonía, y la segunda es lenguaje sonoro, simbólico y rítmico. Ambas expresan y comunican, emocionan y significan. 

El Canto Urbano consta de seis partes, tres de las cuales tienen por escenario a las ciudades de Nueva York, París y México, con la inclusión de un poema sobre los Horrores de la guerra, un himno a la paz, y un coro final. He estado trabajando en este poema, desde y después de mi estancia en las ciudades aludidas. A veces encuentro obsolescencias que transforman en nuevas y terribles realidades. 

Hice referencias a lo demiúrgo del poema porque su público es la población en sí, el público como personaje, el citadino que es en la actualidad y por excelencia en quien se dan los problemas más agudos de la civilización contemporánea. El campo ha pasado a segundo plano, no en importancia económica, principalmente en lo cultural. El bucolismo disminuye su fuerza ante la presencia y vigencia de la urbe contemporánea. Además el campo mismo se industrializa, y en lo económico cada día requerirá de menos gente adherida a su sistema. Digo que la gravedad en sentido físico, y en el patológico, de la dependencia de la especie apegada a la producción de la tierra se aligera, y la cultura pasa de lo idílico a lo urbano. 

Es entonces en el hombre urbano y en su desamparo y sobre todo en el orden de lo espiritual, y no en el campesino y en lo rural, donde se dan los fenómenos representativos de la creatividad y destructividad actuales. Es dentro de este marco referencial que se sitúa lo demiúrgico de El Canto Urbano. Su público es principalmente, como se dijo, el citadino, que es a su vez personaje, y su escenografía la urbe, la gran ciudad; Nueva York, París, México, que son otros personajes, con una apelación final al mundo todo, al planeta tierra. 

Octavio Paz me proporciona una cita en su libro Conjunciones y Disyunciones en torno a la <> y a la supuesta superioridad de nuestra civilización. La mención es la siguiente: <>. 

Octavio Paz tiene un ensayo La magia de la risa muy bello sobre las mascarillas sonrientes totonacas, que guarda relación con lo anterior,  pero yo creo que el problema no es el de retornar al pasado, cosa imposible, y tendencia un tanto persistente y cara al pensamiento de nuestro gran poeta. La historia continúa y la máquina dialéctica no cesa de transformar las civilizaciones, y aun de destruirlas, aspecto que conoce sobradamente Paz. Como lo explica Arnold J. Toynbee, ni la conquista ni la técnica son criterios válidos para medir el crecimiento de una civilización. El progreso es casi siempre de índole espiritual y no material, como lo fueron Grecia y Occidente, <>. Pienso aquí en las recientes ideas de planetarización. Nos orientamos según el mismo autor hacia <> y <>, dentro de un marco que requiere el principio de que <>. La conciliación de ambos extremos es el equilibrio que buscan los hombres en la historia.

La vida contemporánea ha hecho más complejas, difíciles y vertiginosas esas relaciones. La anulación de una exaltación total de la otra, deshumaniza y enajena a la persona humana, al individuo, en aras de una abstracción colectiva que finalmente no se dá sin la participación subjetiva y concreta de cada uno de los hombres; por contra, la libertad individual absoluta no existe y es una quimera destructiva del ser social que es el hombre. Vivimos en conflicto, en lucha por encontrar fórmulas que preserven la dignidad y la razón humanas en un medio donde los crecientes problemas demográficos, económicos y políticos imponen a la organización social y estatal un mayor esfuerzo de adaptación por decisiones acertadas y justas, que tiendan a resolver problemas sociales, sin que aquéllas lleven al individuo a tensiones que lo desgarran. La empresa es la más difícil y hermosa de este mundo: buscar la felicidad en la libertad y solidaridad humana. 

Es bueno recordar aquí unas bellas y justas palabras de José Gorostiza: <>. 

<> Yo creo que la rebeldía puede bien ser positiva. Y en relación con las consecuencias de los riesgos de posturas negativas y violentas, me place citar un hermoso poema de Pedro Garfias, no recogido en sus obras publicadas, y en el que alude de una manera patética a la eventualidad de una guerra mundial, posibilidad que existe siempre, y más ahora bajo el peligro de una destrucción total: 

Los arroyos trepaban 

y los ríos 

su curso remontaban, 

el mar abrió sus fauces 

y a todos devoraba. 

Todo volvió a su origen: 

esa gota era un niño

ese pozo era un árbol 

esa loma mojada 

un pueblo bien poblado: 

¡La alarma llegó tarde 

y Dios estaba llorando! 

 

Y aunque el mismo poeta decía en otro poema inédito, que: 

 

La soledad que uno busca 

no se llama soledad

soledad es el vacío 

que a uno le hacen los demás. 

 

Yo creo, sin embargo, que la poesía es indestructible; está imbricada en el ser del hombre, y ella existe y existirá aunque no se la escriba: está viva en la alegría de los amantes; en la música del viento y de las estrellas; en cada brizna de < >, en la sangre y la tragedia de la muerte, así como en la victoria del amor. Vaya este canto pues, como un intento de señalar las fuerzas irracionales que tienden a destruirnos y una apelación a congregar los mejores valores del espíritu en la unidad del hombre de nuestros días, para que prevalezca entre nosotros la fraternidad, la inteligencia y la concordia. E.R.D. 

 

EL CANTO URBANO 

 

I.- LA ESTATUA VERDE 

                                 This country of shrinking beauty….. 

                                                           John F. Kennedy

 

MANHATTAN es un pez/ cautivo entre dos ríos./ las poderosas amarras de sus puentes/ le impiden escapar al Atlántico./ Broadway es una cicatriz/ en un rostro ordenado/ que atraviesa de pronto quebrando paralelas./ Por los parques de Nueva York/ los solteros solitarios encadenan a sus perros/ y se pasean sin rumbo, meditando./ En el Brooklyn Bridge/ un hombre acaricia el cabello de una mujer/ mientras debajo/ el East River pasa lentamente hacia la mar./ Amor sobre los puentes, juventud./ Muy lejos, la Estatua de la Libertad. 

El domingo/ las calles apacibles/ descansan de los hombres, de sí mismas./ Rompe el silencio/ el júbilo de los marineros/ y un grupo de niñas/ que cantan y danzan solitarias. 

Hay plazas de entusiasmo,/ mendigos de enorme barba blanca y ojos azules./ Norteamérica, ! qué extraño ver mendigos!/ mujeres que gritan a los árboles, maldicen/ y hombres que se desploman muertos./ Muy pocos ven lo que sucede:/ en una misma banca bajo el sol benigno/ un negro, un niño, una mujer/ porque estamos en un país libre./ !Oh, Alabama! !Oh, Mississippi!/ Walt Whitman sonríe detrás de todo esto./ Lincoln también. 

Negro de Mississippi/ Negro de Alabama/ bajo el látigo/ tu abuelo recogió/ blanco algodón para los blancos/ bajo la tormenta/ tu padre fue a la guerra/ y perdió un brazo, la vida,/y ahora tú su hijo,/ no tiene un libro/ en una escuela donde se congela/ el llanto de los castigados,/ su hijo, que ha nacido para la libetad/ y no para el hocico de los perros/ ni para el agrio zumo de las tabernas. 

Negro de Mississippi/ Negro de Alabama/ mira esa madeja de algodón sobre los cielos:/ ¡ A Dios le gustan las nubes!/ ¿Y acaso te escucha?/ No importa./ Vuélvete piedra en tu sito/ canta río abajo/ por el viejo Missouri,/ río arriba/ siéntate a cantar, lee la Biblia/ y bajo el brazo lleva la Constitución. 

Negro de Harlem/ Negro de Birmingham/ rompe los platos, hunde las cacerolas/ di palabras obscuras, negras./ haz que el puritano/ se trague las palabras blancas,/ que nazcan negras magnolias/ y a las beatas incendia/ con el ascua soterrada de tu sangre./ Los que te odian/ me odian como hombre!

Toca tu tambor/ negro de Harlem/ negro de Africa/ negro de Arkansas/ negro de Virginia/ toca la campana de la libertad/ el alba llegará/ cuando no seas esclavo,/ ¡porque no ha de ser sólo blanca/ la flor sobre la tierra! 

Del leñador nervudo/ -pino libertado entre los pinos-/ los bosques de Kentucky -por la herida-/ conocieron sus brazos poderosos./ Sus inquietas pupilas/ hurgaron en los libros/ las verdades prohibidas,/ enamorado de las cabañas de New Salem/ su amor crecía desde el pueblo/ con un olor a barro y aguas cristalinas/ su voz salvó murallas y fronteras/ y democrática en sonrisas/ quebró los cepos de la infamia/ para que convivieran el carbón y la harina/ y su sangre vertida sobre el mundo/ como los ríos volvió al mar, como la vida. 

Deambulo entre los subterráneos, busco tu sonrisa/ y aturdida por el estrépito de los trenes

 

 

la poesía se fuga al campo de Westchester/ en donde el aire es limpio/ y el otoño/ pinta de oro, naranja y púrpura el paisaje.

Alguna vez, sobre la esquina intransitada/ escuché las hermosas palabras de la infancia/ solitarias palabras, intocadas por el mundo/ como un aroma puro de azucenas/ y creí que eran palomas de paz invulnerable./ y sin embargo, la muerte es animal/ sucia de babas y estertores.

Pero desde la raíz más honda denunciamos/ las ciudades inhabitables/ pobladas de fantasmas/ de estridentes chillidos/ que brotan de las jaulas/ y surgen de los enormes gusanos bajo tierra,/ el escuadrón de los hombres de gabardina/ y movimientos de molusco,/ las uniformes masas girses/ ¡millones de bocas y ceros que nos devoran!

A ti, hambrienta, insaciable Nada/ te denuncia el llanto de los hombres, el llanto/ que arranca tus máscaras de carnaval cansado./ Te dan un nombre, religión o guerra,/ inventamos ataduras/ ídolos donde sacrificar la sangre./ Hay Iglesias, bienestar, y asepsia de hospital,/ pero detrás de todo esto/ canta un amor a la tierra y a sus frutos/ y un asombro de niña que descubre su sexo.

Nueva York/ campamento desmesurado/ encumbrada y encumbrante/ ¿ qué tremendas estalactitas te forman/ entre el cielo y la tierra?/ ¡Oh, muro absurdo ante mis ojos!/ ¡Oh, muestrario de jardines prisioneros!/ Aire verde cielo aire espacio azul clamamos,/ mientras un arquitecto enajenado/ firma y arroja planos por las ventanas/ mapas y planos y proyectos/ y el cáncer sube hacia los cielos,/ incontenible Zigurat/ acrecentada por las linfas de oro.

Norteamérica/ hemos olvidado vivir con formas bellas./ ¡ Azul espacio aire cielo verde aire !/ El hombre al fin te abolirá, urbe imposible,/ lo vaticina el viento augur de los presagios/ tu fuga de nómadas arrepentidos el domingo/ tus mudas caravanas/ que vuelven a sus madrigueras/ como largas serpientes luminosas.

A veces, bajo la cenicienta luna/ o entre las cortinas que bate el viento/ he visto el dolor en los ojos de Edgar Allan Poe/ a Frank Lloyd Wright que lloraba en una banca/  y bajo la constelación de su fantasía/ los he visto erguirse/ como árboles de orgullo y de talento.

Junto a la miserable gente/ de los hoteles en decadencia/ prisionera de la vejez,/ cautiva en las cavernas húmedas del tedio/ sólo esperando morir/ cualquier día lúcido y alegre/ veo las joviales miradas de este pueblo./ Paseo entre la muchedumbre y los mercados/ por este perfecto y nítido Parque Central/ donde yacen jóvenes amantes/ en su mundo de hierba, besos y palabras,/ entre calles numeradas/ altos letreros que hacen guiños/ yermos surcos del ferrocarril/ triángulos, rectángulos/ y las matemáticas simetrías de Nueva York/ subo a la torre altísima del Imperio…

Abajo/ el mundo/ minúsculo/ del hombre,/ en turbulentas mareas se retuerce/ con un amor a cuchilladas/ con implacables furias/ odiándose bajo sonrisas/ río humano impaciente/ vitrina de ambición y de trofeos/ caudaloso de asombros y de sangre/ reptando entre gigantescos desfiladeros/ profundos barrancos a pico./ Desde la torre más alta/ ¡qué lejano el tumulto!/ ¡qué silencio en la cumbre!/ Aquí donde corren las brumas/ o el aire puro es la navaja del olvido,/ la azada que separa la raíz de la tierra/ del gran amor que es la muerte/ los veo bajo la envidia y la ira/ ultrajando, mordiéndose, besándose,/ sí, allá en el hondura/ sé que el crimen volverá a suceder,/ más sé tambien que/ en el pecho de los desterrados/ de los perseguidos y de los inocentes,/ de los que miran con sorpresa/ todo lo que nos pasa,/ en el pecho de los extrañados/ y en el de todos los jóvenes del mundo,/ el amor bate sus alas inmortales/ y el hombre busca/ la estatura de su sueño.

Desciendo al enjambre/ de zumbadores tábanos./ Los gigantes de cristal/ como los ojos de las moscas/ reproducen mil veces tu retrato,/ y vago por las calles de una ciudad/ dormida para los sueños,/ en donde se conjugan violines y motores/ ciegos, tiburones,/ sabios y sardinas/ desnudas -monjas- danzantes/ átonas campanas/ cegador aluminio, torres grisáceas/ ruidos de trastos y vasijas/ multitud trepidante/ huesos como espadas/ vientres y odres/ y risas de muchachas,/ parpadeo monótono, hollín y gasolina/ periódicos volantes/ el lloriqueo del acordeón/ que jadea un tango viejo,/ pedazos de conversaciones/ láminas estremecidas/ taconeo infinito/ voluptuosas caderas/ agrio trajín y comerciantes,/ sudor escurriendo por la acera/ cuerpos abrazados y abrasados/ maloliente vaho de perfumes/ y a veces, la mirada de unos ojos verdaderos./ Hombres risueños con bombín y puro/ ancianos pordioseros, perros vagabundos/ promiscua comunión/ alegría música vértigo náusea vómito,/ civilización/ mezquinas ilusiones, triunfos decepcionantes/ y por el rabo del ojo/ mujeres de breve, indiscreta espuma,/ todo junto a la cacería de las profesiones/ selva civilizada, pero selva,/ flores alucinantes, sucias monedas/ caridad y muerte/ hambrienta muerte/ llanto del pobre, llanto del rico/ amor puro del asesino/ perverso amor criminal/ agresivas miradas, escupitajos,/ hombres cobardes, hombres,/ borrachos hombres veloces/ comiendo de pie en los bares,/ llanto reprimido de los niños valientes/ orates contorsionándose/ junto al beso de los amantes/ sangre de los inocentes y de los culpables/ ¡al fin sangre!

¿ Hasta dónde?/ ¿Hasta dónde hemos de llegar/ ciudad de anónimos puñales?/ Nueva York ciudad del hombre,/ ¿en dónde está la libertad?/ ¿es tan sólo la extensión de mi cadena?/ ¿Hasta cuándo conoceremos su victoria/ carne irridenta, gloria y miseria humana?/ ¿ Qué va hacer la tierra con tantos mendigos?/ Mendigos de sol y de sonrisas/ míseros millonarios mendicantes/ manos manchadas de excremento/ ojos que no sospechan/ los ríos de lágrimas secretas/ y nunca han visto la luz gratuita/ en la mirada de los niños./ Yo pienso en los que jamás han sido/ besados tiernamente,/ ni sentido la ansiedad oculta/ de comprender y perdonarlo todo,/ y en los que no sufren/ el horrible deseo de morir/ de rabia y de vergüenza…

¿Qué vamos hacer con tanto incienso/ mentiras y opio milenario?/ ¿Arrasarlo todo y comenzar de nuevo?/ ¿En dónde está la libertad?/ se han diluido sus campanas/  y mil banderas la proclaman: ¿pero cuál?/ Hay prisiones que nos amenazan,/ caballos que equivocan el camino/ y mariposas del azar que nos llevan a la dicha.

¿Debe el hombre volver al caracol/ y rumiar su sombra en el espejo?/ ¿O salir cortando corazones y cabezas/ para encontrarse después en el desierto?/  Nada o poco sabemos,/ asidos a los maderos/ contra el vendaval del odio.

He caminado por esta tierra nueva y limpia/ puritano país de pecadores/ paraíso de normas refulgantes/ enorme y desabrido limón de California/ hermoso como las mujeres/ frío y nevado/ ingenuo, dulce pan,/ niño cruel,/ bárbaro y civilizado/ pueblo de pueblos/ histérica tierra del sentido común/ árbol de aludes poderosos/ fabricante de guerras y de cosméticos/ flemático y violento/ sin ocios para soñar, vivir,/ y sin embargo/ ¡pueblo con juventud y amor y rebeldía!

Voy por las calles sucias/ donde florecen ojos que son pozos azules/ cabelleras de trigo deslumbrante/ bajo el brillo vulgar de las fiestas del neón,/ frente a la obesidad de las inumerables tiendas/ yo pienso en los niños de mi pueblo/ en nuestra sangre de siglos combatida/ y en la mano que reparte beneficios,/ y en la mano que amenaza la paz sobre la tierra./ Y sueño en este país de locura/ claridad y confusión,/ este país que confía en Dios y en el dinero,/ en este pueblo de mujeres lácteas, doradas,/ con perros de herencias millonarias/ y en donde hay inocentes todavía.

Mas el aire y el agua ante el duro paisaje/ ¡oh, cautiva música en sordinas destempladas!/  busca la fuga de tu atroz maraña, ciudad sin sueño,/ hacinamiento donde las aves esconden su trino en la garganta/ urbe desierta que no conoce el agua femenina del reposo/ en un infierno insensible de humo y desalmadas fábricas.

Manhatan,/ monstruo maravilloso/ rebaño de corazones de oro/ y otros días panal sin miel,/ bajo tus bóvedas de roca/ un tigre amarillo nos acecha./ Manhatan,/ desearíamos tu verticalidad a las estrellas/ tus torres translúcidas/ como bosque de pinos habitables,/ y no tu cárcel gigantesca./ Ya que la soledad/ está esperando un hueco para colarse/ y aguarda a que descubramos/ el antifaz donde se oculta/ canto para que resucite la mariposa/ entre los archivos polvorientos/ y alce su cabeza/ la flor quebrada bajo el zapato,/ canto para que venga el italiano/ el chino, el negro, el judío, el irlandés/ y hablen con el mulato de Puerto Rico/ ciudad de pueblos,/ y para que sea posible sobre tus calles/ una danza mexicana./ No canto tus criptas silenciosas/ sino la luz nuestra de cada día,/ !sino la cumbre que desemboca al cielo!

Mientras las aguas cenagosas del Hudson River/ golpean los muelles solitarios/ a donde no llegan los marineros/ enamorados de la tormenta,/ mientras crujen los andamios/ ¿es en vano asistir al alba/ que agita sus rosas/ más allá de nuestros brazos?/ ¿Es inútil buscar el horizonte/ y la salida en el pantano?/  ¿Quien responde estas preguntas?/ ¿ Nadie?/  ¿Es que no hay tiempo/ para que nuestras manos aprendan/ la caricia necesaria al hombre?

No hablo contra el compás, los microscopios./ Protesto contra los hombres muertos que no cantan/ y que nunca sonríen, porque sólo trabajan y se matan,/ contra los que no se detienen a mirar una flor y un poema/ porque el tiempo es oro miseria acumulada.

¿Y es que no hay tiempo para pensar/ llorar con calma?/ ¿ Y para la jauría de congojas ancestrales/ que aúllan su dolor a la intemperie, tampoco hay esperanza?

Mas si los vientos y los muros/ en esta bella , inútil noche, mis voces adelgazan/ quiero cantar, ¡ oh, clara noche del estío!/ la dicha de perder el tiempo, y de recuperarlo en la palabra/ en la fraterna flor de la herida común/ en la palabra hecha sangre y llanto y sonora campana,/ en la palabra del hombre/ que opone al óxido y la muerte, barcos de confianza.

¡Oh torbellino babélico/ de la salvaje prisa multitudinaria!/ Apenas podemos ver de reojo la belleza./ Un hombre con movimientos de mono/ se rasca y fuma, devora golosinas y peródicos/ mientras leo escrito en las paredes: Asesinos

Las azoteas y las estatuas de Nueva York/ en una protesta contra el hielo y el olvido/ se han puesto verdes/ mientras por las avenidas/ deambulan momias y centauros.

Sobre la tierra/ crecen árboles que perdieron/ sus insignias luminosas/ y son poblada obscuridad/ de buitres en acecho.

Pero existe también ¡ oh, Alegría !/ un deseo de claridad y vida nueva/ hay héroes sin medalla y sin tumba/ después de todo hay recompensa,/ manos limpias del lodo de las horas/ vacías de tanto dar,/ manos de hombre/ que entienden el acero y las espigas/ manos de mujer/ cuajadas de estrellas y rocío,/ manos que aún pueden sujetar un pájaro/ sin ahogarlo,/ brazos que rompen cadenas/ y dejan siempre recuerdos en la aurora.

Porque hay otros ramos generales y nuestros/ que inclinan su dulzura sobre el muro del vecino,/ carne improstituible en plazas miserables./ Hablo de fuentes vivas que cantan en el hombre:/ ¡ alegría derramada, esfuerzo de vivir,/ y el valor de sabernos culpables/ de asesinar cada mañana de nuestro corazón/ una verdad clara y rotunda/ que se pudre como un fruto sobre la tierra!

Si dos miradas se cruzan/ comprenden lo que digo,/ y en sus espejos resplandece la humedad/ que no aflora ni canta en la palabra./ Si dos cuerpos se tocan,/ hay una música sorda, nutrida de orígenes/ y volvemos a ser: tierra enamorada de sus semejanzas,/ fuego que propaga su invasión dichosa,/ aire y agua y formas enlazadas/ ¡ polvo que edifica torres, astros,/ y espera un día recuperarnos !

Mientras tanto, ¡ Alegría !/ contra los ojos profundamente ciegos y feroces/ de quienes se arrojaron al abismo,/ también ¡ oh Alegría !/ se yerguen tercas figuras/ sobre los puentes de la niebla,/ esperando el alba./ ¡Alegría!  

 

II.- EL JARDIN SOLITARIO

                               Dans le vieux parc solitarie et glacé

                                                    Paul Verlaine

 

París tiene un retrato/ de una abuela loca que guillotinaba a la gente/ París/ gris/ París duerme a sus niños/ bajo un sueño de bromuro y perros silenciosos,/ mientras la sangre de los vagabundos/ se congela junto al Sena…

¡ Ah, París de grandes ojos otoñales !/ Por el bronce de tus castaños/ tiemblan las niñas en los parques/ y hay un millón de ojos que te sueñan,/ manos que no te tocan./ Qué difícil quererte/ bajo los dardos agudos de la lluvia/ junto a la torre/ donde cogidos de la mano/ los amantes se suicidan,/ los puentes y el río donde se besan,/ la muerte/ como un golpe de viento helado/ en las esquinas/ las manos del amor multiplicadas/ y los árboles,/ que extienden sus brazos y se aman/ por encima de los hombres,/ ¡ los árboles!

Aquí también las palomas,/ son pedazos de ternura inocente/ bajo la selva del metal,/ aquí también/ la soledad te sigue como un perro/ o un mendigo,/ basta salir a la calle/ para conocer la muerte/ descender a las cuevas aturdidas/ y respirar un humo denso,/ ver la multitud/ en largas colas de silencio y lluvia/ apacibles y numéricas/ refugiándose en los cines/ para beber una ración de olvido./ Basta salir a la calle/ para conocer el amor/ el amor feroz de los enamorados/ que se besan con furia/ como única vez/ por última vez/ y niegan al mundo en un abrazo,/ ¡oh, náufragos contra la soledad armados!

¡ Ah, París de telaraña, chopos y palacios,/ setos cerebrales y hojas amarillas,/ lluvia de oro y canela del octubre!/ Hay que descubrir oculto/ en el teorema perfecto de tus jardines/ el amargo sombrero agujerado/ y todos esos pequeños y hermosos misterios/ de la joven que leía una carta, sonriendo./ En el parque de Luxemburgo,/ entre el orden de tus anémonas maniatadas/ alguien habla y llora solo/ mordiéndose los labios,/ y espera un año/ para gritar a gusto.

Paseo junto a los labios/ ovalados del puente;/ uno de piedra/ el otro/ agua que tiembla.

Junto a la columna de los castaños mutilados/ la histeria sin rienda de tus vehículos,/ la cotidiana asfixia en los furgones/ la instantánea de las estatuas lectoras/ la pobreza arracimada frente a los casinos/ los puñetazos de tu sonrisa cruel, irónica,/ la cal de los sepulcros/ y el gentío impaciente volcándose a codazos/ por puertas y ventanas,/ defendiendo su pequeña verdad personal,/ porque no debemos olvidarlo:/ ¡ en cada hoyo está escondido un hombre/ bajo insospechadas trampas!

¡ Qué difícil quererte/ en la polaridad de la tienda de perfumes/ y el urinario público!/ ¡ Oh, terribles correspondencias/ del queso y los zapatos!/ ¡ Ay, atroces arañas de la axila!

París con gitanas y hechiceros/ y hierbas de ilusión para los miserables,/ En las orgías de las sectas delirantes/ tal vez sonríes por no llorar/ con un resabio de vómitos precoces.

París de grietas y de caries,/ casas húmedas y desdentadas,/ ¡ las vigas del insomnio apuntalan/ tu desmoronamiento!/ Pero yo quiero saber/ por qué das a los niños lecciones de silencio,/ ¿Para matar al ruiseñor y al canto?

Después de diez siglos de polvo y de palabras/ en los comedores de las Condesas/ sus perros comen un pan tranquilo./ ¡Ay, nupcias y lechos condenables!

Y sin embargo,/ desde tus limos y milenios/ nacen tallos erguidos,/ la luz de tus claras palabras,/ tu vocación de universales cosas/ la esbeltez femenina entre tus bosques/ la elegancia irreprimible de tu paisaje,/ en el bosque de Bolonia/ ojos verdes y pulidas uñas…

Y yo recuerdo Montparnasse:/ el cielo que era un mar irreductible,/ tus rosados atardeceres a orillas de los cafés,/ tu gracia que se resiste/ mujer indócil,/ y se entrega a zarpazos/ lentamente/ el aguijón de tu veneno/ que luego es una droga deleitosa,/ ¡ oh verano de lenguas apacibles!

Bajo el Puente Nuevo/ fluentes aguas,/ y las hojas que caen/ giran / y caen,/ melancólicamente mecidas/ en la barca de un vals.

En San Germán de los Prados/ la juventud cantando/ bebiendo entre las palabras/ la policía gruñendo a tus espaldas/ comíamos castañas junto al silencio de la nieve,/ y una porción de amor y muerte./ Entre un olor de azúcar quemada y ron/ compartimos los deseos/ en las sórdidas esquinas de Pigalle,/ y al subir a la colina de Montmartre/ la ciudad dormía a nuestros pies/ fiera y doméstica.

Pero mienten el vals y la canción./ Las prostitutas mueren bajo los hielos de Saint Denis/ y hay niños estrangulados por el Bosque./ (Sabemos que todo esto ruboriza/ a los que viven de condecoraciones,/ y a los lectores que sólo se alimentan/ de crímenes y reinas…)/ Detrás del frívolo tío-vivo,/ de las faldas volanderas,/ en la Plaza de la Bastilla/ y el Bar de los Cornudos,/ la danza confundida y el ruido de las copas,/ por encima del humo de los cafés/ y de los escaparates prohibidos,/ en las altas buhardillas de la vigilia,/ los jóvenes queman sus ojos,/ o sus labios.

Mientras Napoleón duerme/ bajo el pórfido sangriento en los Inválidos/ y resucita en su torre vigía de Vendome,/ más allá de las vestales de la Opera,/ señalabamos la espiga derrotada/ donde los portugueses y los árabes/ levantan sus cabañas./ ¡ Oh lepra de los arrabales!/ (Pero en el Arco del Triunfo/ no figuran las derrotas).

Para no beber el amargo veneno de tu soledad,/ te escribo estas palabras en Concordia./ ¿Para qué habremos perdido los ojos/ que miraban las estrellas,/ con un temblor de asombro/ y de pregunta ingenua?/ Hoy nos asaltan panoramas atroces,/ y un puñado de astillas y de escombros,/ ¿ Qué fue del diario fulgor de la sonrisa?

Los negros se ríen aún a carcajadas/ como los americanos,/ como nuestra América/ que tiene la cabeza y los pies nevados/ y el corazón tropical.

¡ Oh, Lutecia !/ ¿ El sol franco y seguro/ murió con Luis XIV?/ ¿ Y el siglo XVI,/ el siglo XVII/ el siglo XVIII/ y el siglo XIX?/ ¡ Todos con bastón,/ detrás del XX !

París, limpias tu rostro/ apenas ayer encarbonado,/ obstinada en la sombra/ y en el luto de tu cuerpo tumefacto/ sin querer enterrar a tus muertos/ París, ciudad de carne y hueso/ ajo, perfume y vino,/ desdibujada/ idéntica a ti misma,/ por un momento/ gálica/ romana/ gótica de gárgolas y diablos,/ rostro fugaz de abril en claridad multicolor/ veloz septiembre de maduras luces,/ vivimos bajo tus pálidas tormentas/ leyendo cartas amarillas y vetustos mapas,/ a la sombra de los museos/ a la luz diluida de anémicos candiles,/ bajo el aguacero neurótico,/ y el rubor mentido de la tuberculosis./ ¡ Pero la sangre mana primaveras continuas/ y no hay término para los ojos abiertos!

¡ Ah, múltiple olor de tus alcoholes !/ mentas verdes y frescas/ -pradera inglesa y fúlgida esmeralda colombiana-/ joyas líquidas/ centellantes rubíes del vino/ ámbar en el cognac/ cobre y tabaco/ anís y limón de España,/ y el lujo bizarro de tus mercados/ con jabalíes, ciervos,/ y plumas de faisán,/ y el pan del día bajo el brazo,/ y el profano aroma de las pastelerías,/ y las naranjas del Africa/ soles diminutos,/ y el untuoso aguacate de Israel,/ y el irisado espectáculo/ de los pescados bretones,/ y ese mundo viscoso de caracoles/ y de mariscos cantábricos,/ y el grito de las sopas espesas/ en olores amarillos:/ ¡ todo para este pueblo/ regido por el vientre!/ ¿ Y la palabra Libertad/ y la palabra Igualdad/ y la palabra Fraternidad ?/ Como palabras de aire/ que duermen bajo el musgo…

Tú no lo sabes/ pero he llorado a tus espaldas/ a veces cuando duermes/ o en un mismo abrazo,/ por todas esas cosas/ alegres y sombrías:/ lo que ha callado el mar desde los siglos,/ lo que el poeta dice/ y otros escuchan que golpea a su puerta;/ quizá porque la noche está llenas de fusiles/ y me asalta de pronto/ la soledad irreductible de mis cuatro paredes,/ o quizá porque nuestros hijos/ han de llegar cegados por la pólvora,/ y aun esperamos el tiempo/ en que las manos de la mujer/ no forjen balas, sino rosas.

Por las callejuelas adoquinadas de San Miguel/ he visto a Baudelaire del brazo de Poe,/ y a Apollinaire cantando sobre tu puente,/ Junto al gran río de libros y paisajes/ los mendigos nos denuncian,/ árboles caídos enamorando a la tierra,/ buscando las palabras en un vino de pobres/ sentados en las aceras y los jardines,/ ¡ los mendigos que engañan con pan a las palomas/ y les dan muerte con martillos !

Bajo el Puente de Nuestra Señora/ fluentes aguas, y las hojas que caen/ giran/ y caen/ melancolicamente mecidas/ en la barca de un vals.

París,/ ¿ de qué sirven tus flores y tu césped/ si los niños no pisan su verdura?/ ¿Para que un viejo recuerde/ lo que siempre se le olvida?/ Mas yo sé que tus axiomas/ trituran sentimientos.

París/ gris/ París danzando/ de la tristeza/ a la euforia:/ un día con sol/ muchos de llanto..

Más allá de sus hombros y mi brazo/ ocultos en el lago de Vincennes/ los ojos de la muerte nos veían/ en un cráneo de azucar/ que un amigo de México me trajo,/ por encima de los hombros/ por el hueco de las cerraduras/ los ojos de Descartes que nos espían,/ Montaigne con su pierna cruzada para siempre,/ y sus manos cruzadas para siempre,/ los labios de Voltaire que nos sonríen,/ el Mariscal Ney con su espada/ y el grito de su verde boca de bronce/ donde un día cantaban los gorriones.

Y después, tus ojos/ que se alegraban y ensombrecían,/ como los vitrales/ al paso de las nubes y los sueños.

Y encima de todo esto/ los días congestionados, entumidos/ los días que nos desbordan como insectos/ con su andanada de puños y pistones,/ el tiempo y el espacio fragmentados/ los días que nos crean y destruyen/ el tiempo desconcertado de los tiempos,/ el espacio en la lata de sardinas,/ cien mujeres que sólo conozco por la espalda/ los pasos susurrantes en tropel de silencio/ la inquietud amenazada de los niños/ rostros usados, ropas gastadas, cuerpos maltratados,/ ¡ mierda! en las esquinas/ ¡ mierda ! en todas partes,/ el tren detenido/ a la misma hora, a la hora exacta/ paralítico/ los gestos y los labios del idiota/ murmurando palabras repetidas,/ sexos domados y alegría traicionada/ voluntades cautivas y entusiasmos vencidos,/ todo bajo el narcótico/ donde ya no se sienten las espinas/ ni se ven las prisiones,/ ¡ todo esto para el hormiguero crepitante/ bajo negro manto!

Mas hay un sueño de islas y de playas/ en el éxodo de los veranos,/ espuma de champagne/ y un poco de mar en nuestros labios,/ entonces el Faubourg es un villorrio/ que recuerda los escalofríos de María Antonieta,/ y el gótico silencio sale de las Iglesias/ donde se pudren las mujeres y las sillas.

!Oh, tú la más bella/ ciudad del hombre !/ la más cara máscara/ de todos y de nadie./  ¡ Cuántas veces los naipes de tus manos/ fingieron el vacío!/

París/ gris/ París bajo el Puente de San Miguel/ fluentes aguas/ y las hojas que caen/ giran/ y caen/ melancólicamente/ mecidas/ en la barca de un vals.

En la edad azul,/ ¡ para siempre perdida entre los números!/ cuando no existían las ligaduras/ había una dicha intacta,/ sin temor al tiempo./ Después, la vida es larga/ y el corazón no crece./ Un anhelo de asomarse a la mañana/ sin el miedo de estar solo en la calle,/ desata los sueños al abrir la ventana.

Porque no es posible seguir golpeando/ la cabeza de los niños, ni reclamar a Cristo la venganza,/ mejor la hiel, el agua sucia de las letrinas/ que pisotear los trigos y quebrantar las ramas,/ mejor olvidar el sol y la alegría/ que seguir derramando la sangre y preservar las ratas.

Mientras la tierra gira, lenta,/ mientras la noche y las estrellas callan/ junto al minuto de mandíbulas feroces,/ y el fruto que los hombres se arrebatan,/ yo quiero alzar mi voz enamorada/ tengo derecho a la palabra/ a mirar tras el muro, más allá de las flores,/ a partir en dos mi alma,/ y compartir el pan, el vino, el llanto,/ y a ver cruzando por los cielos, una paloma blanca.

¡ Oh tú, la más amarga ciudad de spleen!/  ¿ Para quién abres en idénticos balcones/ malignos hongos del tedio,/ las plantas venenosas y carnívoras del aburrimiento?./ Te canto aquí donde ignoramos la flor del sur,/ y el mar de llamaradas y de cantos.

(En la mesa de Madame Leroux,/ continuaban comiéndose las hormigas en chocolate/ y las crestas de los gallos…)

La soledad abre una herida/ de interminable desgarradura./ Solo, entre la muchedumbre sola/ necesito tus ojos para verme./ Los árboles cogidos de la mano/ se pasean por las calles de esta ciudad maldita y bella,/ cuando sorprendo en el espejo pasar mi juventud./ Llega la noche y nos odiamos/ con un rencor codicioso de garras neurasténicas/ con la avaricia y el amor/ de las enredaderas trepadoras, ¡ oh París!/ nadie quiere ser nuestro hermano/ junto al precipicio,/ ¡ y en mí se abren las heridas de los hombres!/ Aquí donde somos culpables por principio/ donde los viejos son más tristes,/ y hay niños serios, serios,/ ¡ ciudadano!/ aquí donde también nos han convertido/ en topos tragamonedas/ siente tus manos, toca tu cuerpo,/ descubre tus ojos y tus labios,/ desde el otro andén una mujer te mira,/ sólo te deja su sonrisa/ entre los trenes contrarios/ ¡ay, fuga de rostros diluidos!/ ama a los seres/ a través de sus máscaras/ a las mujeres sin palabras/ hechas de claros cuerpos y sangre luminosa,/ ángeles de carne cruzan por tus ojos,/ con la tensa piel del tambor y la manzana,/ cabellos negros rojos rubios/ ángeles de carnes apretadas como el pan/ sonrosados labios/ ojos de un vino fuerte y dulce/ negras cerezas relucientes/ muelles leopardos de fuego y luz/ que escalan elásticamente los pasillos,/ flotando por las riberas del Sena y sus castaños,/ pero también ángeles de humo y sueño/ estatuas de blanca ceniza/ que al mínimo soplo del suspiro/ se deshacen.

Bajo el Puente María/ fluentes aguas,/ y las hojas que caen/ giran y caen/ melancólicamente mecidas/ en la barca de un vals.

¡Mas la sonrisa es la libertad del mundo!/ ¡ La libertad está en nosotros,/ nace con nuestra sangre hecha palabra,/ crece de nuestras manos con el día/ y muere por nosotros! ¡ Alegría !

Por ella sé que no somos asesinos del llanto/ estatuas degolladas,/ pozo que se traga las palabras,/ por ella me duele aun hasta los huesos/ la mirada de los hombres.

¡Sí, esta es nuestra carne y nuestros labios,/ puros son, y nada podemos contra ellos!/ ¿ Qué otra cosa es la palabra/ sino la plaza y el encuentro,/ el capotazo para entretener a la muerte?/ ¿ Y no será la muerte la que nos hace sonreir,/ y nos obliga a beber/ esta agridulce copa que es la vida?/ ¿ No será la vida una palabra de la muerte?/ ¡ Ciudadano, / todo lo que nos anonada y nos olvida/ lo maldigo,/ para encontrar el ser, nuestra palabra,/ el nombre y tu palabra!

Para no beber el amargo veneno de la soledad/ te escribo un canto urbano,/ yo te defiendo a dentelladas, amor mío,/ todos los días me bato por tus nombres,/ vuelve a nacer el alba entre mis dedos/ la flor que al viento se deshoja,/ cada segundo siento el espanto de perderte/ la dicha de reconquistarte./ Nuestras manos levantan/ diariamente tus banderas, Poesía,/ ¡ hidra multiplicante de cabezas,/ no te pueden matar cielo ni tierra!

Y un día en que todos los capullos/ esperaban la señal,/ después del beso bajo el muérdago,/ un día largamente soñado por los hombres,/ un día que llegó vestido con todos los colores,/ París/ ramo de flores…¡ Alegría !

En el parque de Montsouris/ tu cuerpo y la primavera/ vibran a un tiempo,/ está tu pecho acompasado/ a la respiración del bosque,/ en la copa de los castaños/ hay palomas perseguidas/ y una mujer indica a un niño/ su fuga por el viento,/ entre la verde sombra de los senderos/ los amantes se toman de la mano/ y cubren sus cuerpos de señales,/ hay un acorde entre el pulso de la savia/ y tu corazón alegre,/ un eco en tu voz/ que corresponde al trino de las aves veloces;/ en torno a la humedad del estanque/ y a la armonía circular del prado,/ sientes que tu sangre fluye,/ y tiene el ritmo silencioso de un astro…

¡ Alegría !

 

III.- LA SOLEDAD VENCIDA

                          Voz del pueblo, lengua de los escogidos,

                           Palabra del solitario.

                                                                            Octavio Paz. 

 

Bajo la alta noche azul te contemplo/ cascada de oro del incendio, alto chopo de la luz/ árbol de estrellas refulgentes, giratorias/ ave de entusiasmos y fallidos vuelos/ sauce de ascuas verdes, blancas, rojas./ Vuelvo a ti México mío/ con una nueva canción en la garganta/ para tus viejas piedras con olor a siglos/ tu musgo y mariposas milenarias/ para tus torres labradas, campanas de libertad/ torres de cristal para tus fábricas/ con obreros que sueñan y trabajan/ para la mariguana de los demagogos/ tus rosas puras y abriles espontáneos/ el grito desgarrado y las guitarras/ para el barro de tus cántaros, tu mies acrecentada/ los motores impacientes, tus lagos muertos,/ una canción para tu ser contradictorio/ para tu tiempo y espacio dislocados/ para la ebria alegría de tus mentiras/ tus mitos, gestos y palabras mágicas/ para tus actos poderosos y temibles/ tu trémula corteza destructora de ángeles/ volcanes dormidos, sorprendentes/ para ti Patria mía, refinada y salvaje/ en mi retorno canto/ frente a tu múltiple muerte y nacimientos./ Te ofrendo estas palabras confiadas/ que sacrifico ante tu piedra antigua, cíclica,/ bajo el sol y tus dioses, feroces o benévolos,/ regreso con el árbol florido, del jardin del oeste,/ México, enjambre mestizo que adora sus espejos.

Solo en mi habitación/ pienso y escribo, fumo, sueño y escribo./ Afuera la noche de estrellas silenciosas/ canta su inaudita canción fosforescente,/ la noche de pedernales encendidos/ mariposa de obsidiana,/ la noche de manos temblorosas y cópulas frenéticas/ la noche de los gatos y de los alaridos/ la noche de putas, beoda, astrosa,/ la noche que culmina con el alba sangrienta,/ la triste noche de nuestros abuelos/ proscritos, repudiados:

Plumas flores piedras preciosas/ tigres ojos enjoyados lanzas/ calaberas serpientes atabales/ flautas flechas escudos y danzantes/ mariposas caracoles rayos cantos/ aves jardines cascabeles príncipes/ sonajas y mazorcas aromas y collares/ nieblas soles muerte licores y combates/ ciervos puñales corazones dioses/ oro tumbas agua hongos humo/ guerreros templos banderolas/ abuelos tronos faisanes y poetas/ águilas y llanto cañas guerra/ tortugas y trompetas doncellas y pulseras/ macanas greda sauces lagos/ pedernales corolas jade colibrí/ dardos espadas venenos y obsidiana/ acacias valles y montañas/ ciudades turquesas frutos y zenzontles/ esclavos cactus tamboriles y tristezas/ sartales joyeles guijas y rocío/ cazadores timbales arcos y canales/ patio ánforas cabañas jarros/ festines sacrificios prisioneros/ juncias orfandad terror misterio/ esmeraldas magueyes garzas y quetzales/ ritos lluvia vida/ descorazonados hombres/ pintadas colas amarillas tunas/ tordos guirnaldas hechiceros/ multicolores abanicos/ sortilegios cerbatanas/ presagios sangre Anáhuac…

Danzan en catedral los matachines/ danzan con monótona danza/ danzan en la Basílica/ rememoran dioses vencidos, escamoteados,/ son otros ritos y es otro incienso/ los matachines danzan infatigables/ el pasado cierra sus puertas/ y el futuro es insegura boca./ Los campanarios -lenguas de olvido-/ desde la altura callan, imperiales contemplan.

Tenochitlan, Tenochitlan/ no te escuchó Coatlicue./ ¿ Qué fue de tu grandeza y de tus dioses?/ El corazón de las doncellas/ la sangre de los guerreros/ la región de los muertos, las guerras floridas,/ todo ese reino de mariposas y tigres,/ la tinta negra y roja,/ la poesía de las flores, tus máscaras sonrrientes/ tus dobles divinidades, la flor y el canto/ el rocío delicado del llanto, los vientos y mareas/ y la entereza del héroe,/ -a fuego y sangre tus águilas y tigres-/ Tenochitlan, no te valieron./ El sol, tu aliado, te recusó en silencio

y contempló tu violación y muerte:/ el sol resplandecía en los escudos enemigos/ y cegó la pólvora y sus negras palabras,/ a ti, que desdeñaste el oro.

Bajo el árbol roto de Azcapotzalco/ he visto a Malinal y a Hernando/ buscar su tumba y monumento, van por Tlalocan/ buscan su tálamo perene, cantan a Xochipilli/ van de la mano por reforma,/ seguidos de colibríes y mariposas/ bajo la noche triste de amor y guerras/ flores de guerra, flores del canto/  rubio y morena celebran la primavera de Xochiquétzal/ junto a las pálidas hortensias, turquesa y nácar/ los troncos negros y el verde prado/ al fondo fuentes de gasa y ámbar, ¡oh, agua en llamas!/ unen labios azules y arcillas rojas/ en una sola llamarada y un solo rostro/ de acero y bronce, ¡oh, agua en llamas!

Voy por tus avenidas, tus paseos./ Pensar que entre tus árboles/ esté muriendo un ave/ y yo no pueda oirla,/ sentir que cerca, sin encontrarse/ hay corazones que tienen preso/ todo un cántico de espumas,/ y que hay heridas gritando en todas partes,/ que siempre, sin descanso, en minima soledad/ hurgan la tierra hormigas extraviadas/ con su bandera verde o pan minúsculo/ -su diminuta hostia vegetal-/ y que detrás de cada hora/ hay siempre alguien esperando.

¡Mas qué pequeña mi voz/ y la voz de los hombres/ y todas las voces del mundo!

Plaza de la Constitución/ un vuelo de palomas recientes/ ¡oh, animales lascivos y fulgurantes!/ cruzan las torres impasibles de la Catedral./ Aquí mismo, debajo de esta inmensa lápida sin fechas/ yace un pueblo muerto, perduran cráneos de cristal/ se pudren cráneos y cántaros aztecas,/ aquí en el zócalo rige otra vida/ pule esta piedra antigua un pueblo nuevo/ con otras danzas y otros ritos.

La violencia -hijos de ella al fin-/ como una nube roja, tempestad de fuego/ sol iracundo y desmedido/ como un vaso de sangre/ cae sobre nuestros ojos/ acero líquido,/ surge de nuestras manos/ un gélido relámpago de espadas/ beso mortal de yugulares rotas/ de fuentes desoladas/ brillan al sol los ternos deslumbrantes/ los cascos, los escudos/ el corazón de las granadas/ las policromas plumas, los ayes,/ y sobre la roca inconmovible/ un manantial de sangre renace en Tlaltelolco./ Huitzilopochtli sacia su sed antigua./ El bebedor nocturno, bebe sangre bajo las estrellas.

Y hay que volver a enderezar los mapas/ repreguntarnos por el hombre./ ¿Qué es, quién es el hombre?/ ¿ Hombre canasta, bestia de carga y sufrimiento/ o ser en donde nacen alas infinitas?

Hubo un tiempo en que las balas/ poblaron los aires -golondrinas que jamás volvieron-/ porque hallaron su nido/ en el corazón de los hombres./ Los ojos, ciegos, se congelaron,/ frío de cobra en nuestra piel/ calcinante invierno,/ un tiempo en que el amor/ fue la paloma bárbara y desterrada./ Ahora reúno estas desnudas palabras/ para el oído de los hombres muertos/ que se fueron contemplando el cielo,/ por todas las cosas que gimen, sufren y cantan/ por el terror de los ángeles -pájaros disecados-/ que no viven, pero tampoco mueren,/ contra los alfileres del coleccionista/ que perfora las mariposas/ y convierte la vida en fotografías,/ por el pétreo rugido del león/ las caricias desconocidas/ los besos olvidados y el llanto sin memoria,/ ¡ y por todas las pequeñas, heroicas hidalguías del amor/ y sus mil resurecciones diarias!

Porque este segundo es nuestro, amada,/ dame tu beso incandesente/ y olvida los adjetivos del paisaje/ olvida los relojes, coléricas pirañas/ y dame intacto el regalo de tu cuerpo sonriente,/ ¡ aún hay tiempo para morir soñando!/ Deja que a nuestro lado pasen/ los caballos y los vientos/ y abran sus entrañas las granadas:/ -Caín y Abel viven muy lejos-/ y si las ruedas y las botas y los látigos/ destrozan las flores diminutas/ contra ellos se rebela nuestra primavera./ Deja que se deshojen las rosas de latón/ y se derritan los besos de goma/ y toma de mis labios/ lo que aún quede sin mancha de pólvoras absurdas./ Ya podrá venir a roernos el azufre y el moho/ que el instante nos pertenece íntegro,/ ¡y el tiempo para seguir amando!

Hay una fuente oculta/ entre cuatro mujeres,/ los duros senos de la estatua/ donde el viento se rasgaba./ Porque aquí también nos amamos ferozmente/ aquí donde la joven de cabellos de sauce/ reclinada al tibio sol del parque/ de cara al cielo, con los ojos cerrados/ no ve las barcas de los niños/ y sueña en otros mares y otras cosas

Vivo tu mundo urbe desmesurada/ bella, templada, transparente./ Aspiro un denso olor/ el crepitante aceite de fritangas/ carburantes y letrinas/ unido a las monedas y a los tacos/ y a toda esa desesperada miseria/ de un pueblo que ignora su tristeza/ o la acepta de siglos, con fatalismo inverterado/ que no tiene la mano y el espejo cruel/ que la descubra,/ ni la voz del demonio/ que en secreto le diga: una vida mejor y más alta te aguarda/ aquí en la tierra:/ un lecho limpio y la mujer hermosa/ una alegría sin pulque y puñaladas./ Sonreímos, reímos,/ Nuetra sonrisa oculta las navajas./ Nos besamos traidoramente las mejillas/ nos mecemos en un mar de genuflexiones,/ caravanas, gestos y palabras/ palabrejas, palabrotas,/ máscaras de rabia contenida, máscaras/ sonreímos con toda cortesía -brillan las dentaduras-/ y aceitamos revólveres nocturnos.

México/ con hordas de niños mendicantes/ y una revolución segura:/ zares contemporáneos/ las caravanas de hambre/ las caravanas/ las vanas caras/ la cara vida/ la pinche vida/ la bilis negra de la vergüenza.

Porque el poeta no puede callar./ Es como el niño inocente/ que rompe el secreto y dice la palabra./ Ni puede ser excomulgado,/ porque la poesía es comunión./ ¡Podrán silenciarlo, darle muerte,/ pero callar, jamás!

El campo en la ciudad persiste/ caballos y vehículos/ áridos caminos, rutas de asombro por donde nos conduce tu laberinto desolado/ moderno y milenario/ México de mil rostros/ deidad de mil cabezas/ que busca en el agua y sus espejos/ reconocer su rostro verdadero./ ¡Oh, montes de espinos y reptiles!/ ¡Oh, ciudades yacentes/ sobre la incuria de los basureros!

Sobre montes de lava, chozas sin caminos/ camisas que bracean y banderitas nacionales/ perros ambrientos y niños barrigones, moscas,/ moscas, lodo, fiebre, soledad y muerte.

Sobre montes de lava, villas, palacios/ grandes jardines y tranquilas rutas/ perfumados perros y niños hartos, moscas,/ lujuriosas moscas, oro y hastío, soledad y muerte.

Retorno por los caminos de mi infancia/ entre los árboles sonoros,/ pletóricos de urracas y zenzontles,/ por los caminos/ donde cada pico y azada te construyen./ México, Quetzalcóatl renace,/ bajo el águila y la serpiente, y los pájaros preciosos,/ sobre el húmedo musgo,/ bajo la estrella de la mañana y la estrella de la tarde,/ México, ¡el hombre y la mujer son tu riqueza!

Yo amé las piedras del camino/ y el polvo que levantan la carretas,/ y miré a los hombres que las guían/ humildes y sencillos,/ y tenían las manos talladas por el campo/ y los brazos retorcidos como troncos./ Oí las campanas de la tarde/ como quien oye el eco de un recuerdo,/ el dulce y monótono sonar de las esquilas/ como gotas torturando el agua./ Pero jamás encontraré mis huellas/ en arenas del tiempo ya olvidadas:/ las borraron las horas eternas de los días.

Pardas lomas de escarpado roquedal/ pobladas de plomizos magueyales/ grupos de amarillentos álamos/ delicados huizaches/ pinos verdes y azules/ tierra negra, morada, anaranjada,/ abiertas sementeras/ parejas de bueyes poderosos/ valles cubiertos de troje recogida/ y junto al agua del estanque/ o de la noria,/ la ocre casa terrenal/ que protege crecida nopalera,/ montes y montañas/ columnas de humo sobre el horizonte,/ sencillos, agrestes cardos, débiles y blancos/ obscuras, robustas encinas/ retorcidas y viejas,/ polvorientos caminos/ que cruzan nobles, cobrizos labradores,/ la azada al hombro/ los ojos tristes, enigmáticos,/ resignados y temibles,/ corrientes arroyuelos/ que serpean por entre centenarios/ y lánguidos pirules,/ tapias de piedra amontonada/ coronadas de rojas bugambilias/ torres de las pequeñas iglesias provincianas/ que asoman entre barrancas y hondanadas,/ aldeas y pueblecitos todos de México,/ ¡os dejo una canción de vida y venturanza!

Las grandes penas/ sobrevolaban mi corazón de niño volcán de asombros/ ¡oh vulnerable transparencia! sobrevolaban/ aquel árbol del hule, señor del patio/ y evadían mis pasos perdidos por el monte/ mis ojos descarriados por las mariposas/ ante el fulgor magnífico de cultivadas flores/ y por el ave, siempre segura sobre su rama,/ el ave, que el oído y el índice anunciaron.

Las grandes penas/ las mías,/ también niñas, me esperaban./ Las otras, las de los hombres/ pasaban a mi lado rencorosas,/ como un can de belfo hirsuto/ y tremor ronco.

Yo no veía/ los grandes pozos del dolor abiertos,/ manando sombra/ los grandes pozos donde caemos/ como guijarros/ al fondo negro,/ la noche inmensa/ de los lamentos,/ los grandes pozos , donde la niebla/ de la belleza, guarda secretos.

El viento nocturno e impalpable/ sopla en los parques desolados/ donde el otoño -pastor de oro-/ conduce hojas por los aires y la tierra/ ovejas tristes, moribundas./ El viento y el fuego/ soplan en los cementerios/ pero muy alto, muy alto/ sobre el límpido azul/ una paloma cruza…

¡También el canto!/ El amor ¡oh, el mundo de los amantes!/ único lenguaje donde te reconozco,/ eres como el amargo sabor del vino/ luz en el llanto, raíz y fruto/ jardin sin dueño y al fin nuestro/ paraíso absoluto, vedada gloria/ voz que nos dice sin revelarnos/ puerta de los pesares, solidario naufragio/ resurrección del verbo, alta sonrisa/ candor primero, último abrazo/ sagrado aliento y soledad vencida.

Plaza de Garibaldi, los mariachis/ y las mujeres ebrias, sobadas y jodidas/ un frío y triste amorío de rameras/ un desconcierto vocinglero de trompetas/ pobres pendejos pedigüeños/ al alarido tricolor del señorito/ y toda esa miserable alegría desesperada/ en los mercados sucios de la carne y del humano.

Pero ya no te reconozco, juventud , en los burdeles/ te he visto en aulas y calles congregada/ cantando a Cintéotl/ buscando amor, palabras, libros/ en el país de las brumas y las lluvias/ viril y valerosa juventud revolucionaria/ te he visto marchar bajo la tibia noche de agosto/ bajo el Quinto Sol/ las manos enlazadas, democrática y sonriente/ y he oído cantar tu pecho inmenso – sinfonía popular-/ un himno en altas olas combativas/ y he escuchado un silencio grave y armonioso/ como una sola mirada significativa/ como un solo corazón latiendo.

¡ Alegría !

Y por encima del dolor, la fiesta,/ la sonrisa, las sonrisas/ la risa rizada al viento y a los árboles/ flotando sobre el dolor y la miseria/ como un piano y una voz rebeldes/ sobre el vacío inmenso de la noche,/ como mi corazón clarividente/ que arde y canta en el silencio/ contra el viento del norte/ ¡oh, tierno desafío!/ ¡oh, ingenua dicha!

Celebro la alta vida del sol y de las flores/ canto sin comprender la muerte/ a ciegas palpo el rostro eterno de las cosas,/ y me sonrío, como el alba sobre la montaña./ Con un amor de tórtolas aliadas/ nuestros labios sonríen/ y los ojos sonríen de su secreto/ como la música, corazón absoluto.

Por el bosque de Chapultepec/ el pueblo, nuestro pueblo/ oye cantar y canta/ vuelve a nacer el ágora/ la poesía, huérfana desvalida/ a salvo de todas las derrotas,/ encuentra bajo los árboles magnánimos/ los ahuehuetes de Netzahualcóytl/ sombra para su radiante cabeza/ luz para su noche misteriosa/ la poesía y el pueblo/ en un pacto de amor/ cantan y celebran nupcias olvidadas/ ensayan nuevos abrazos,/ el solo, único abrazo de los cuerpos:/ ¡sí, la única escritura posible es el amor!

¡Alegría!

México, la noche se diluye/ la serpiente de nubes se aleja/ mi corazón en duermevela/ te escribe en la penumbra/ antes del alba/ y estoy aquí de pie a recibirla,/ quiero mirar tus rocas despiadadas/ tus laureles tiernos, tu laberinto barroco/ quiero beber una copa de luz/ por tu salud, por tu futuro.

El alba llega, está aquí la poesía,/ sus palabras su lúcida escritura/ son mi único presente…

El sol en claridad discreta/ transluce hojas de oro, verdes racimos/ suavemente pulsados por las manos del viento/ -música de sombras árbol del fuego-/ pasan vírgenes blancas, tiernos frutos/ sobre la acera gris, cobrizos muslos/ mi corazón que huye de las tinieblas/ sonríe y canta el alto mediodía,/ subitamente/ izan los árboles verdes banderas/ donde sólo había piedra obscura, porosa roca/ hongos de agua nocturna y luminosa,/ ¡Oh, las fuentes del día/ árboles de diamante/ caen sobre henchidos musgos!

… Y un canto azul de pura atmósfera/ y una mano pequeña, como niña,/ toca mi corazón y lo conmueve, y le recuerda/ la dicha terrenal, la humana dicha.

¡ Alegría !

 

IV.- HORRORES DE LA GUERRA

Sobre campos de arroz/ mueren los hombres, sobre los campos/ y un General los cuenta/ sobre los campos,/ donde amapolas, sangre/ sobre los campos,/ sobre las playas, muertos/ y un General los cuenta/ sobre las playas,/

 

donde el rocío, llanto/ sobre las playas,/ donde la ola, llanto/ sobre las playas,/ entre la selva ardiendo/ mueren los hombres/ y un General los cuenta/ donde la luz, tinieblas/ entre la selva,/ donde el amor, tinieblas/ entre la selva,/ en la montaña mueren/ y un General los cuenta/ en la montaña,/ donde el ave, silencio/ en la montaña,/ donde el canto, silencio/ en la montaña,/ sobre los aires, muertos/ y un General los cuenta/ sobre los aires/ donde las nubes, humo/ sobre los aires,/ y donde estrellas, humo/ sobre los aires,/ sobre los campos/ sobre las playas/ entre la selva/ yen la montaña/ mueren los hombres/ y un General los cuenta…

 

 

 

V.- HIMNO A LA PAZ

El vuelo secular de la paloma/ sobre los anchos mares y los cielos,/ sobre todos los climas y naciones/ las letras de amor en su mensaje/ sobre la rama del olvido nunca,/ cruza los continentes divididos/ por tenebroso cerco de fusiles/ llega a los emisferios enemigos/ con la nevada albura de sus plumas,/ y detenida en hombros del soldado/ habla del campo que lo espera ausente/ para tocar fusiles por arados,/ y de una novia que soñando aguarda/ en una tierra limpia de batallas/ de los horribles muertos de la guerra,/ en una rubia tierra por el trigo/ en donde el agua venturosa fluya/ con su sonrisa iluminada y franca/ y no la roja savia de los hombres/ ni de las madres, lágrimas amargas;/ el reino de los hombres nos promete/ en esta tierra donde niños mueren/ sin saber ni por qué los ametrallan,/ Viaja de norte a sur, este a oeste/ y su canto de paz y de confianza/ extiende por el mundo y nos alienta/ hacia el plural abrazo de los pueblos/ hacia la vida alegre, alegre, alegre/ libre de látigos, cadenas, siervos,/ libre del odio y del terror ya libre.

La triste guerra llega y nos conduce/ con sus carruajes fúnebres de muertos/ hacia la muerte y sólo que a la muerte,/ a los nidos de ratas y al incendio/ a la miseria, el hambre y a la muerte.

Todo esto y más nos traen las bayonetas:/ no nos valdrán refugios subterráneos/ ni montañas ni valles olvidados,/ el fuego desencadenado en lluvia/ llegará a lo recóndito y arcano/ y los turbios jinetes y las furias/ desollarán la tierra con sus cascos,/ al huracán sediento de sus fauces/ no han de quedar espigas, ríos, torres,/ si abrimos esa puerta y ellos vuelven/ han de salir los muertos de sus tumbas/ con los ojos vacios, espantados,/ para ver a los muertos, las humeantes/ y desoladas ruinas de los bosques/ los edificios hechos cementerios,/ y en tal visión siniestra de sucidas/ se han de sentar llorando el infortunio/ sobre la abierta y honda y fría tierra/ y ha de venir con insensibles pasos/ precipitada noche sordomuda/ que plegará al planeta un ala negra.

Mas una norma exige nuestro tiempo,/ que no se cumpla el fuego prometido/ sino el amor en piedra sobre piedra/sino la vida de la sementera;/ vivir sin sobresalto de amenazas/ vivir en la sonrisa, conviviendo,/ y comprender los frutos terrenales,/ el pan, el vino, la mujer y el campo,/ la dulce carne buena y necesaria,/ como un ramo de flores en la estancia.

Todos sentimos en el cuerpo el brío/ y la urgencia absoluta de belleza,/ de claro amor y sueño en nuestra sangre./ En esta hora en que todo es posible/ el hombre debe abandonar las armas,/ hoy que de nuevo considera el cielo/ ajusta su compás y el telescopio/ y mide los espacios estelares,/ la otra cara de la luna observa/ diminuto gigante, hombre en llamas.

El fuego ha de llevarlo por el cosmos/ contra el tiempo y los dioses y la nada,/ llevará la semilla y su palabra/ el orden buscará de otros planetas/ esclareciendo el caos de las sombras,/ en una paz sin cárceles colmadas/ fecunda paz de olivos frutecidos/ en donde el hombre pleno se realice/ reconciliando siempre el universo/ reconciliado al fin consigo mismo.

Creemos en el hombre y su destino/ en la coral y unánime armonía/ el círculo de danza jubilosa,/ que la piedad dispersa por el orbe/ inacabables ramos de ternura.

Con diálogos fraternos y canciones/ cerrando heridas, sin perder el llanto/ la juventud que marcha hacia la aurora/ al mundo sin esclavos que se anuncia,/ el hombre, barro y canto se incorpora,/ el hombre desde el barro se levanta/ por tu soberbia luz, inteligencia,/ la vista alzada a verdes claridades/ ya sabedor que infierno y paraíso/ no se hallan tan lejos y soñados,/ sino en nosotros mismos, en la Tierra.

 

VI.- CORO FINAL

Todo el amor lo puede.

                                ¡ Alegría !

Sonreir es nuestra libertad/ sonríen el sol y las estrellas/ sonríen los cuerpos ciegos/ cantan los ojos lúcidos/ sonríe la muerte piadosa/ cantan los hombres libres.

                                  ¡ Alegría !

Todo el amor lo salva/ cantan desde el dolor los hombres/ sonríen sin mácula los niños/ cantan los pechos desnudos/ sonríen los pueblos todos/ canta el verbo victorioso/ canta el futuro en nuestras manos.  ¡ Alegría !

 

Nota Biobibliográfica

RANGEL DOMENE, Ernesto (1936). Nació en Monterrey,N.L., el 4 de Julio. Realizó estudios profesionales de Derecho en la Universidad de Nuevo León y estudios complementarios en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. La primera de éstas dos instituciones publicó su primer libro de poemas, Los ríos del polvo, 1960. Posteriormente Poesía en el Mundo, con ilustraciones de Guillermo Ceniceros, recogió en el X volumen extra de su colección el segundo de sus libros en el orden de publicación: El Suplicio del agua (1962). Ese mismo año el Ayuntamiento de la Ciudad deMonterrey lo nombró director de la Gaceta Municipal. Al mismo tiempo colaboraba en las actividades de la Unidad Cultural <> con lecturas de poemas realizadas en la Alameda Mariano Escobedo. En esta misma ciudad ha sido colaborador de varias publicaciones culturales; en ellas ha dado a conocer poemas, narraciones y ensayos (Kátharsis, Vida Universitaria, Apolodionis, Salamandra y en el suplemento cultural del diario El Porvenir entre otras)

En 1963 realizó estudios de francés en París y en 1964 obtuvo una beca del Gobierno de Francia para estudiar un curso de literatura Francesa Contemporánea en la Universidad de París (Sorbonne). A su regreso al país El Suplicio del agua le valió la beca del Centro Mexicano de escritores para el período 1965-1966 en México, D.F.

El 17 de Julio de 1967, el Organismo Internacional de Promoción de la Cultura lo invitó a leer un grupo de poemas de su obra El Canto Urbano en la Sala de Arte del O.P.I.C. Han aparecido poemas suyos en la página editorial del Diario de Yaqui de Ciudad Obregón, Son.; En el suplemento cultural del diario Novedades de Mérida,Yuc.; en la página editorial del periódico capitalino El Heraldo –<>-, en el suplemento cultural del mismo diario (núm. 145, 18 de agosto de 1968) y en las páginas de otras publicaciones periódicas.

Con motivo del homenaje efectuado en memoria del poeta Pedro Garfias, asistió invitado por el Ateneo Español a dar lectura a su elegía La Rebelión de la Palabra y a otros tres poemas suyos el 8 de Enero de 1968. Todos ellos fueron publicados posteriormente en el suplemento cultural del diario El Nacional de la ciudad de México. En aquel acto participaron también Emilio Abreu Gómez, Juan Rejano y Luis Rius. La Gaceta médica de México (vol. 98. núm. 2, febrero de 1968) publicó sus <>, leídos en la sesión de apertura de la XI Jornada Médica Nacional por el Doctor Carlos Canseco Jr. en Monterrey, N. L.

El 20 de febrero de 1968 dio lectura en el mismo Ateneo a los poemas de su libro Canto de dolor y alegría por España (Poesía en el Mundo núm. 58) acto que fué bordado musicalmente por el guitarrista Sergio Fernández Martínez. Poco después, el 23 de marzo siguiente, algunos de los poemas contenidos en esa obra fueron incluidos en el suplemento cultural de El Día (<>, núm. 297).

El suplemento cultural de El Nacional (núm. 1094) le dedicó una página donde se incluyeron algunos poemas de Canción junto al abismo.La Dirección de Acción Social del Departamento del Distrito Federal le hizo una invitación para participar en el programa < > el 13 de marzo de 1968, con la lectura de un conjunto de poemas con temática de contenido social.

En Mayo de 1968 dictó una conferencia bajo el título <>, invitado por la Universidad de Tamaulipas.

En el mismo año, 1968, y obviamente debido a la gran amistad que le ligara en vida al cantor de la soledad, Pedro Garfias, realizó varias actividades relacionadas con el poeta desaparecido: coordinó entonces un número completo (321) de <> que apareció el 18 de agosto dedicado a su memoria; en <> publicó un breve ensayo valorando tanto la obra como la persona de Garfias y en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica (nov. 1968) dio a conocer un poema inédito del poeta exponiendo al mismo tiempo los vínculos que le relacionaban con el resto de su obra.

En Marzo de 1969, Poesía en el Mundo recogió en su número 71 un poema largo: Balada de la cárcel del mundo. Fue ilustrado por Gerardo Cantú. Las ilustraciones, relizadas en gran tamaño, fueron expuestas en la Galería Cosmos de Monterrey. El día de la apertura, Ernesto Rangel Domene dió lectura al poema.

En febrero de 1970, ofreció una lectura de poemas, prologada por Alfredo Gracia Vicente, en el Instituto Mexicano-Norteamericano de Relaciones Culturales de Nuevo León, A.C. El prólogo apareció en el suplemento cultural de El Porvenir correspondiente al 15 de febrero y el 13 de diciembre del mismo año en el Novedades. Publicó en El Gallo Ilustrado (núm. 433) <> y (núm.439) <>.

Canción junto al abismo apareció bajo el signo del Fondo de Cultura Económica en la colección Tezontle (México, 1970). Fué comentado en Monterrey en el canal 3 de televisión por Horacio Alvarado Ortiz el 18 de Agosto y diez días después, María de Jesús Pariente, le dió lectura en el canal 12. Juan Cervera lo comentó en El Nacional el 22 de Septiembre. El 20 de Octubre Haroldo Díes publicó una nota, <> en la página editorial de El Sol de México. También en el último tercio de 1970 aparecieron poemas y ensayos de Ernesto Rangel Domene en El Rehilete y El Gallo Ilustrado en México y en Armas y Letras en Monterrey. En esta última fue incluida una nota crítica de Andrés Huerta <>.

El 18 de junio de 1973, en el evento correspondiente al núm. 108 de Poesía en el Mundo y bajo el patrocinio del Gobierno del Estado de Nuevo León, Rangel Domene dió lectura al poema El Suplicio de la Tierra en el Oratorio del Museo de Obispado.  El 16 de Enero de 1974, en el evento correspondiente al núm. 111 de Poesía en el Mundo, bajo el signo de la Universidad Autónoma de Nuevo León y el patrocinio del Gobierno del Estado, E.R.D. dió lectura al poema El Suplicio del Fuego en el Oratorio del Museo del Obispado.

Finalmente, existen también tres discos de Canciones de Ernesto Rangel Domene, Peerles, especiales fuera de serie, México, 1970,1973, y 1974, con letras propias y de Pedro Garfias, el primero y con textos de poetas de habla española el segundo, un disco, RCA Victor, también especial, fuera de serie con un Canto a Nuevo León. Toda la música de estos discos es de Rangel Domene.

En Octubre de 1972 el Instituto Nacional de Bellas Artes lo invitó a participar en los <> y dió lectura a su obra El Canto Urbano en la sala Manuel M. Ponce.

OBRAS: Dos poemas ( los primeros publicados ) en Kátharsis, Monterrey, N. L., agosto de 1959.// Los ríos del Polvo, DEU, Unviersidad de Nuevo León, Monterrey, N. L., 1960// El suplicio del agua, Ediciones Sierra Madre Monterrey, N. L., 1962.// Dos poemas en Apolodionis, Monterrey, N. L., enero 1964.// Cuatro poemas en Parva, núm. 2, México D. F., marzo-abril, 1967.// La rebelión de la palabra ( a Pedro Garfias en su muerte ) en el Heraldo, México, D. F., 15 de septiembre de 1967.// Canto de dolor y alegría por España ( Poesía en el Mundo núm. 58, Ediciones Sierra Madre) Monterrey, 1968// Tres sonetos incorporados en su <> por Carlos Canseco Jr. en Gaceta médica de México, México, D.F., febrero de 1968.//Homenaje a la memoria de Pedro Garfias en Novedades, México, D. F., 1o de febrero de 1968. // Cinco poemas en el Nacional, México D. F., 17 de Marzo de 1968.// Cinco poesías en Suplemento de El Porvenir, Monterrey, N. L., 9 de junio de 1968. // Pedro Garfias en el primer aniversario de su muerte en El Nacional, México, D. F., 4 de agosto de 1968.// Fragmento de una carta en Artes y Letras (suplemento cultural de Novedades de Yucatán), Mérida, Yuc., 4 de agosto de 1968.// Tres poemas en Cultural El Heraldo de México, México, D. F., 18 de agosto de 1968.// Pedro Garfias, poeta de la angustia, de la alegría, de la muerte y de la vida en México en la Cultura (suplemento Novedades), México, D. F., 13 de Octubre de 1968.// Un poema inédito de Pedro Garfias en la Gaceta (Fondo de Cultura Económica), México, D. F., noviembre de 1968. // Balada de la cárcel del mundo (Poesía en el Mundo núm. 71 Ediciones Sierra Madre) Monterrey, N. L., marzo de 1969. // Canción junto al abismo (Colección Tezontle, Fondo de Cultura Económica), México 1970, // Poema en El rehilete, México, D.F., octubre de 1970. // Andrés Huerta, poeta en El Gallo Ilustrado (suplemento dominical de El Día), México, D. F., 11 de octubre de 1970.// El sentido de la palabra en Ramón Xirau en El Gallo Ilustrado (suplemento dominical de El Día), México, D. F., 22 de noviembre de 1970. // El suplicio del viento (Poesía en el Mundo núm. 94, Ediciones Sierra Madre), Monterrey, N. L. noviembre 1971. // Catorce poemas de El suplicio del viento y Un discurso en Suplemento de El Porvenir, Monterrey, N. L., 20 de Febrero de 1972. El discurso es el mismo que figura en el apéndice de El suplicio de la tierra.// El suplicio de la tierra (Poesía en el mundo núm. 108) Ediciones Sierra Madre, Monterrey, México, 1973.// Cuatro poemas de El Suplicio de la tierra y <> en Suplemento de El Porvenir, Monterrey, N. L., 1o. de julio de 1973.// <>, en Revista Mexicana de Cultura, El Nacional 20 de octubre 1974.// <>, artículo aparecido en el Suplemento Cultural del diario Novedades de Yucatán, Mérida, Yuc. 30 de marzo de 1975. A pesar de que se ha procurado registrar todo el material publicado por Rangel Domene, no escapa la posibilidad de que queden fuera de este inventario o de las referencias que siguen algunas cosas sueltas.

REFERENCIAS: AGULAR ALFARO, Alfredo: <> en el Suplemento Cultural del diario Novedades de Yucatán, Mérida Yuc., el 20 de abril de 1975.// ANóNIMO:<>, en El Nacional, México D.F., 1o. de abril de 1968.// ANóNIMO: <> en El Sol de México, México, D.F., 1o. de febrero de 1968.// ANóNIMO: <> en El Día, México, D.F., 1o. de abril de 1968.// ANóNIMO: <> en Laredo Times, Laredo, Tejas, 9 de agosto de 1964. // ANóNIMO: nota sobre Canción junto al abismo en Tribuna de Monterrey, Monterrey, N. L., 28 de enero de 1970.// ANóNIMO: nota sobre Canción junto al abismo en El Norte, Monterrey, N. L., 31 de enero de 1970.// ANóNIMO: nota sobre Canción junto al abismo en Tribuna de Monterrey, Monterrey, N.L., 31 de enero de 1970.// ANóNIMO: nota sobre canción junto al abismo en Tribuna de Monterrey, Monterrey, N.L 3 de Febrero de 1970.// ANóNIMO : nota sobre Canción junto al abismo en  El Norte,  Monterrey, N.L. 15 de Septiembre de 1970.// ANóNIMO. <> en El Gato Ilustrado (Suplemento dominical de El DíA) , México, D. F., 3 de Marzo de 1968.// ARANA, María Dolores. nota en <> en Novedades, México, D. F.,22 de Septiembre de 1968.// ARANA, María Dolores: nota en <> en Novedades., México, D. F. , 20 de Octubre de 1968.// CEPEDA NERI, Alvaro: <> en Diario del Yaquí, Ciudad Obregón, Son., febrero de 1968.// DIES, Haroldo: <> en El Sol de México, México, D.F., 20 de Noviembre de 1970 // CERVERA, Juan: <> en Revista Mexicana de Cultura (suplemento dominical de El Nacional), México, D.F., 1o de Junio de 1975.// DURAN, Juan Antonio: <> en México en la Cultura (suplemento de Novedades), México, D.F., 3 de Noviembre de 1968.// FRíAS BOBADILLA, Rubén: Entrevista en el diario Novedades de Yucatán, Mérida, Yuc., el 28 de marzo de 1975.// GRACIA VICENTE, Alfredo: <> en suplemento de El Porvenir, Monterrey, N.L:, 20 de Febrero de 1972 // GRACIA VICENTE, Alfredo: <> en suplemento de El Porvenis, Monterrey, N.L. 1o. de Julio de 1973. // MARTINEZ A: Lilia: en <> en Heraldo, México, D. F. , 19 de febrero de 1968.// MASACCHIO, Humberto: en <> en <> en El Norte, Monterrey, N.L. 14 de Enero de 1961. // RUIZ IBAñEZ, Manuel: <> en Sunday Express and News, San Antonio, Tejas. 15 de Noviembre de 1970.// RUIZ IBAñEZ, Manuel: <> en San Antonio Express News, San Antonio, Tejas. 19 de marzo de 1972.// VILLEGAS, Jorge: Comentario a El suplicio de la tierra en <> en Suplemento de El Porvenir, 1o. de Julio de 1973.// ZENDEJAS, Francisco: <> en Excélcior. México, D. F. 4 de diciembre de 1970.    M. R. V.

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