Opinión de Adolfo Gilly en La Jornada; «Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos del exilio.»

…(…)…De ese mundo de la poesía y la literatura española al cual Lázaro Cárdenas abrió las puertas de México llegaron aquí, entre tantas otras, las voces y las letras de Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Juan Rejano, León Felipe y la gran poesía de sueños y colores de Remedios Varo. No me toca ni puedo ni sabría aquí nombrar a todos. Hay uno, sin embargo, que no puedo olvidar: Pedro Garfias. Como Adolfo Sánchez Vázquez, aunque en otra clave, rindió Garfias su homenaje a Antonio Machado y para su muerte escribió este epitafio:

“Qué cerca de tu tierra te has sabido quedar.
Así el viento de España te cantara al oído
a poco que desborde tu vuelo circular
y el sol mirarte, cuando en el medio día
frene su impulso fiero, antes de resbalar.”

Y en la mitad de su camino de prófugo hacia México adonde llegó también en el «Sinaia», Pedro Garfias pasó por Gran Bretaña y allá escribió su gran poema del exilio, Primavera en Eaton Hastings (Poema bucólico con intermedios de llanto):

“Si me quedase inmóvil, como esta buena encina,
vendrían vuestros pájaros a anidar en mi frente,
vendrían vuestras aguas a morder mis raíces
y aún seguiría viendo con su blancura intacta,
quién sabe si dormida, la España que he perdido.”

En ese largo poema escondió el poeta espacios breves. Llanto sobre una isla es uno de ellos:

“Ahora
ahora sí que voy a llorar sobre esta gran roca sentado
la cabeza en la bruma y los pies en el agua
y el cigarrillo apagado entre los dedos…”

De estos cruces del exilio y las letras nos habló en su tiempo Adolfo Sánchez Vázquez y así se me apareció en estas cuartillas que improviso y pergeño.

**

En estos tiempos oscuros que vivimos en México para la educación y la cultura quiero recordar al viejo profesor Adolfo Sánchez Vázquez en un día de junio de 1999. En medio de una huelga estudiantil tormentosa desatada por el intento insano de acotar más y más la gratuidad, la libertad y los alcances de la enseñanza, ocho profesores e investigadores eméritos, en el Auditorio Che Guevara que entonces era de todos los universitarios y no de ninguna turbia banda expropiadora, trataron de razonar en asamblea plenaria para buscar una salida que detuviera la imposición de cuotas e impidiera la irrupción de la Policía Federal en esta Universidad Nacional Autónoma de México, que por fin se produjo.

Sus nombres eran Miguel León-Portilla, Manuel Peimbert, Alfredo López Austin, Luis Villoro, Luis Esteva Maraboto, Héctor Fix Zamudio, Alejandro Rossi y, por supuesto, Adolfo Sánchez Vázquez.

Erguido, sereno, noble y con la razón de su palabra como única arma, así lo recuerdo en aquella asamblea, ahora que nuevos heraldos de la violencia agreden a maestros, estudiantes, profesores y educación pública y a esta entera nación mexicana.

Coloquio

Adolfo Sánchez Vázquez a cien años de su nacimiento

Mesa 1: Exilio y literatura…(…)…

La Jornada.unam.mx

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