España

Posted by admin | General | Monday 3 August 2009 7:47 pm

SE LLAMABA

Letra; Pedro Garfias.

Música; Ernesto Rangel Domene

Arreglo Musical; Armando Manzanero

 

Se llamaba,se llamaba /

no sé cómo se llamaba./

Yo recuerdo que su nombre me sonaba/

como el viento entre las ramas/

como el prado bajo el agua./

 

Y era el nombre de la estrella que miraba/

y la yerba que pisaba,/

cada día el nuevo día/ como ella se llamaba./

 

Se llamaba…no recuerdo,/

no sé cómo se llamaba/

no puede su nombre ser/

este nombre que ahora/

no me dice nada.

 

*****

 

Soneto a DON QUIJOTE.

        Ernesto Rangel Domene

 

 

Demente,iluso, soñador te llaman./

¿Y quién puede decir lo que es cordura?/

Sancho es sólo la mitad de la vida/

y queda aún el alma oscura.//

 

¿Quién no ha tenido a Dulcinea en sus brazos;/

velado armas junto a gente impura?/

¡Todos queremos cambiar este mundo/

de su ruindad, y tanta quemadura!//

 

¡Cabalga siempre, oh caballero triste,/

contra toda muerte y toda amargura,/

conmueva tu piedad lo inconmovible//

 

y dáme, amor, la poesía pura/

y a mi vivir, oh Don Quijote, dale/

la llama de tu divina locura!

*****

CANTO DE DOLOR Y ALEGRIA

POR ESPAÑA

                                                E.R.D. ( 1968 )

España es un pecho que canta

atravesado por espadas de odio

azotado de sables,

una sangre que muge y se bate acorralada

un rostro que pisan botas y culatas

un rostro abofeteado

por obscuros renegados de la tierra,

de sus frutos y sus ramos.

España es una cara rugosa de zurcos

verde por el musgo de las edades

dorada de trigos eternos

roja de fuegos y amapolas

y negra de tinieblas seculares.

Sus brazos tienen el retorcimiento

de los olivos milenarios,

y sus raíces poderosas

han bebido del agua de todos los pueblos,

un rostro amargo, y alegre, !alegre!

con aroma de azahares,

azafrán, caballo y sangre

o la dulzura de un pecho femenino.

España es una mano amorosa

forjada a hachazos

con cinco dedos como cinco riscos escabrosos,

( me han dado pena las mías

delicadas y suaves como un lirio,

mis manos, arando versos y canciones).

España enardecida y luminosa

prado de flores amarillas

gruta de fango obscura y de murciélagos,

yo canto al aire de tu danza

y lloro el luto de tus ojos,

y mi sangre, tu propio pecho,

tu misma sangre y rostro y puños

nuestra sangre

vuelve hoy rabiosa, enamorada,

!y canta de dolor y alegría por España!

 

*****

RENACIMIENTO

E.R.D. ( Poesía en el mundo 1968 )

 

Madres de España

parid un hijo fuerte y generoso

limpia la frente de rencores

puras las manos de sangre, plomo y lágrimas

parid un hombre

que abra las cárceles

y siembre y cante,

un hijo ya sin temor de garras y tinieblas,

aquella clara juventud

molinera del trigo venturoso

que dé al pan diario

un olor a campo y monte espeso.

Ya que detrás del pan

está el sudor, la azada,

el labrador que el horizonte observa

y sueña doradas cabelleras

que sobre la faz de la tierra

ondulen frutecidas,

forjad un hombre

y que su palabra sea un alto campanario de alegría

un palomar nutrido blanco.

!Madres de España

parid un hijo lleno de vuelos y de cantos!

*****

 

  LA REBELION DE LA PALABRA.

 A Pedro Garfias en su muerte.

 Ernesto Rangel Domene

El día sonríe sobre tu muerte,/el día que nos empuja al olvido/ y nos obliga a vivir./ Un cielo azul inmenso/ despliega su helada alegría sobre tu muerte/ y un sol inexorable hace estallar las deslumbrantes rosas./ Has muerto en medio del verano en llamas,/ has muerto en tu propio corazón desolado,/ en mi tierra sin sombra, áspera y dura,/ en mi tierra pobre para tu corazón humilde,/ para que mis montañas, cerros inmóviles y azules/ custodien tus sensibles cenizas que nos honran/ y nuestros hijos veneren tus palabras inmortales./ El vuelo tiene un gusto de comienzo y de retorno/ Pedro te escribo un llanto sin literatura/ .Este reflexionar tu muerte no es un buitre de fama,/ es una última carta de amorosa culpa/ que tus manos jamás recogerán./ Mis plabras caen como la lluvia,/ como el llanto sobre tus ojos ciegos/ sobre tus ojos piadosos que tantas lágrimas cegaron/ de tanto ver lo que no vemos,/ porque te escribo llorando, Pedro,/ sinvergüenza pícaro amigo/ gran hombre poeta, hermano y maestro/ peregrino de todos nuestros climas/ bajo el ala del sur/ bajo el ala de gracia/ amante de todas las ciudades/ visitador de pueblos, trashumante juglar/ solitario pastor de soledades/ enamorado de la mujer y las guitarras/ andaluz mexicano, quijotesco salmantino/ huésped encarcelado en los hoteles/ muerto de bondad y compación/ muerto por nosotros/ nosotros que lo matamos/ con el pan duro de nuestras fiestas,/ con el papel y la tinta venenosa de las oficinas/ con un muro de miedo y arcas llenas,/ nosotros te matamos, Pedro,/ y yo sé que nos perdonas con grandeza,/ que disculpas nuestra minúscula sonrisa/ y nuestro amor miserable…/ Ni el hambre ni los sanatorios/ ni la locura/ ni la muerte atroz que a tu estirpe amenazaba/quebraron tu orgullo de poeta/ tu lealtad a la promesa que te hiciste/ mártir de la palabra, gladiador del verso,/ héroe del lenguaje, miliciano de España/ cantor de la primavera, refugiado en México./ Soportaste sobre tus hombros/ la soledad y otros pesares,/ todo el dolor humano del abandono/ y todo el pesar de las estrellas,/ mas no te amargó tu río de aguas amargas/ dulce amigo, inspirador jobial./ Pero a mí me duelen tus últimas palabras/ aquel adiós que flotaba entre la noche de presagios/ en aquel bar en que hablamos y bebimos/ hasta el alba, bajo un lento suicidio de tequila./ Entre esto que te digo y mi tristeza/ hay una seca puñalada/ un golpe brutal que me dejará sin habla/ hasta que llegue un alarido, o un sollozo,/ una rabia por maldecir al viento/ la rebelión de la palabra/ el desamparo en que nos dejas,/ tu, doctor en soledades/ príncipe de los exilios/ franciscano indefenso/ tutor de perros vagabundos/ mendigo de la amistad/ rey candoroso, niño antiguo/ sabio inocente, hombre total./ El mundo sigue cantando sin ti, Pedro/ y aunque estás inmóvil como tu nombre/ y no podrás ya confundir la avena con el trigo/ tú, que tanto amaste  los pájaros y el fuego/ los árboles que contigo conversaban/ el sol y la música, la noche y el silencio/ la vida y la muerte, tú que tanto amaste/ el mar al que en su oído suplicabas/ que te llevara a contemplar de nuevo España/ has de saber que te recuerda, hermano/ que cada ola es un verso tuyo que repite/ y que el viento y las ondas en el lago/ llevan tu nombre a las estrellas./ El vuelo tiene un gusto de comienzo y de retorno…/ Ahora que no hay tiempo/ para sentarnos a llorar tu muerte,/ para ponerse en pie contra el olvido / un nudo de ardiente alcohol en la garganta/ ahoga mis rebeldes palabras/ que buscan otra puerta por mis ojos/ para que suene el llanto de los hombres/ el verdadero diálogo/ y podamos conversar contigo/ para decir, conocimos un ángel/ que era un hombre./ El día sonrríe sobre tu muerte/ y sobre dalias amarillas,/ su silencioso azul inmarchitable./ Has muerto con la humildad de la mínima avaricia/ sin pedir más que amor y belleza,/ algo más que una rosa/ mucho menos que la muerte y el hambre…/ Heredamos de ti lo mejor de nosotros,/ el oro de la libertad, la palabra de plata/ el rubí de la sangre la esmeralda del sexo/ tu orgullo de ser hombre, nuestro propio linaje/ el polvo y su energía mortal./ Nos dejas tu gallarda sonrisa en el combate/ el sol de tu colérica sonrisa y su feroz alegría/ tu humor ante la muerte, y tu ternura asombrosa/ tú, que padeciste la lluvia y el infierno./ Pedro, yo te despido con el laurel y la paloma./ se han de quedar sin tu voz armoniosa los poemas./ Habrá tardes que se desplomen/ sin los puntales de tus versos/ tardes que reharán su cromática osamenta/ cuando recuerden tu ritmo y tus canciones./ Nos queda lo más digno de ti./ Te digo adiós con la promesa de amarte hasta el olvido/ hasta que ya no te recuerde y seas todo presencia,/ hasta que cada nota tuya sea una sílaba en mi acento/ y puedas contemplar conmigo las flores y los campos,/ los campos dorados de Sevilla, las torres de Ecija./ Yo te prometo, hermano, sembrar un árbol con tu nombre/ y elevo esta oración porque te guarden/ la primavera y las estrellas…/ El vuelo tiene un gusto de comienzo y de retorno…/ El mundo sigue cantando. El día sonríe./ Adelantado entre las sombras/ vas ya rumbo a la eternidad,/ nosotros a la muerte.

*****

 
Y…. de su amigo; Pedro Garfias Zurita.

( Salamanca, España. Mayo 20, 1901 – Monterrey, México. Agosto 9, 1967 )

Romance de la soledad.

 Aquí estoy sobre mis montes/ pastor de mis soledades./ Los ojos fieros clavados/ como arpones en el aire./ La cayada de mi verso/ apuntalando la tarde./ Quiebra la luz en mis ojos/ la plenitud de sus mármoles./ Tiene el tiempo en mis oídos/ retumbo de tempestades./ Mi corazón se acelera/ sobre el volar de las aves./ Vibra mi sien al zumbido/ de los vientos y los mares./ Y aquí estoy sobre mis montes/ pastor de mis soledades.

Yo sé que mi voz se va perdiendo/ yo sé que mis ojos vuelan poco/ sé que de tanto ya sentirme loco/ loco me estoy volviendo.// Sé que mi amor se fué sin haber sido/ que mi vida se va porque así quiere/ y que mi anhelo de vivir se muere/ en pasmo convertido.

*****

Y en El Heraldo de Madrid. escribió;
 
“El país de los ciegos.”

En el país de los ciegos -cuenta en una de sus narraciones Wells- cayó un aventurero. ¡Aquí seré rey!, se dijo, avanzando dominador por entre los jardines y las casas de extraña arquitectura. Pero rápido llegó su desencanto: fueron los ciegos quienes le dominaron a él. Con sus oídos aguzados, con sus olfatos sutilísimos sustituían con ventaja para la lucha la falta de vista. Le vencieron, y fue inútil que pretendiese con razonamientos demostrarles su superioridad. ¡La luz! ¡El color! Nada les decían a los ciegos estas palabras. Desconocían su significado. Y le tuvieron por imbécil o loco.

Pasó el tiempo, y el mozo se enamoró de una cieguecita sonrosada y dulce como la carne tierna de las naranjas. En las templadas noches radiantes le habló de las estrellas, doradas y blancas como su piel, y de las sombras azules y suaves como su cabellera. De la luna encendida, claraboya del cielo, ventana de la noche por donde el día asoma su rubicunda faz. 

¿Le entendía su amada? Él creía que sí. En la sed angustiosa, de su soledad invencible, buscaba ansiosamente su compañía como una fuente clara. Hasta que un día ella le susurró al oído unas palabras con su voz que era dulce como la de la brisa. Los ciegos le aceptaban. Consentían en casarlos mediante una condición. Habían estudiado su caso atentamente y comprendido que su anormalidad, su inferioridad en el Mundo provenían de aquellos órganos extraños e inútiles, aquellas protuberancias que él llamaba ojos. Una pequeña operación era necesaria… y escapó. Escapó  hacia la vida, con fatigas de muerte, dejando atrás sus sueños consumiéndose como gavillas secas. 

***** 

Alfredo de Vigny ha referido la tragedia de los poetas en cualquier clase de sociedad humana. Aventureros de las nubes, ellos se sienten con derecho a reinar sobre un país de ciegos. Pero no les comprenden. Ni los obreros, atentos a su lucha, ni los burgueses, fieles a su egoísmo. Su sensibilidad exacerbada es como un peso muerto para la lucha por la vida. Hechos, hechos le piden, como el personaje de Dickens. No sueños ni utopías. Hechos concretos, prácticos. 

Hasta que un día alguien que bien le quiere le aconseja. Hay que normalizarse, cortar las alas al espíritu, amputarse la sensibilidad, ese órgano extraño e inútil. La soledad, la miseria y la angustia se enroscan como un triple dogal a su corazón y el poeta escapa. hacia la otra ribera.

7/IX/1933 

*****

Silencio.

No un silencio cuajado, impenetrable, sirio blando, mullido, en donde los ruidos se diluyan.

Un silencio de bosque, henchido de resonancias vivas.

Para que una veintena de filósofos, físicos, filólogos, especialistas de todas las ciencias, y poetas, conversen.

Silencio.

… Hay un temblor de fiebre en el Mundo.

De la ceniza de los años ardidos, consumidos en fuego y sangre, asciende un humo lívido que enturbia la atmósfera.

Las ciudades se embisten.

Hombres desnudos y ululantes cruzan las urbes espantadas.

¡Y un ceño de inquietud surca la frente azul del cielo!

Por ciudades herméticas, por campos desolados, a través de las horas frenéticas, como un can, la cultura busca, inquiere,

persigue, fantasma melancólico de ojos implorantes.

(En el ámbito reducido de un silencio mullido y blando, en donde los ruidos se diluyen y apagan, unos hombres conversan).

Cesen en su diálogo los árboles y el viento. Y en su feroz disputa el yunque y las campanas.

Inmovilícense las fronteras.

Un momento.

Unos minutos de silencio en el Mundo.

Que unos hombres conversan sobre el porvenir de la cultura.

Con el oído atento y la conciencia alerta.

                  11/V/1933

**

Opinión de Carlos García Monge

***

Llanto sobre una isla.” en la voz de Pedro Garfias.

***

Ana Belén – “Madrid y  Bajo la Metralla” (poema)

 

No Comments »

No hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Deja un comentario