Ayer.
Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente
ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente
ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche
fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.
Mario Benedetti.
( 1920 – 2009 )
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( 1875 – 1939 )
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Homenaje a Pedro Reyes Velázquez.
Por iniciativa de la Licenciada Cynthia Dávila Longoria, directora de la Capilla Alfonsina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y de su equipo de colaboradores, el 5 de Julio de 2001 se realizó un homenaje en memoria del maestro, periodista y controvertido político, Pedro Reyes Velázquez…(…)…
Tabla de Contenido.
.uanl.mx
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Entender el pasado para un mejor futuro.
National Geographic y EL PAÍS presentan una colección de libros sobre la historia de la Humanidad.
Por Sergio Delgado Salmador para
El País.com
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Expone Gutiérrez Vega poesía y novedad de la patria, al ingresar a la Academia.
Discurso íntegro presentado la noche del martes
11 de Septiembre del 2012, en el Palacio de Bellas Artes
Hugo Gutiérrez Vega
Publicado: 14/09/2012 14:35
(últimas. La Jornada.unam.mx)
Los que escribimos poesía nos preguntamos con frecuencia las razones de nuestro quehacer e intentamos con denuedo y, a veces, con escasa esperanza, definirla y explicarnos la razón por la que nos aqueja la urgencia de buscar palabras y de ensayar formas para decir las cosas y plasmar el poema que, cuando sale de nuestras manos, como afirma Mc Niece, se convierte en un organismo autosuficiente, en una creación.
Mucho me orientó Alí Chumacero (ocupo en la Academia la silla que aún le pertenece) con su humor, su equilibrada antisolemnidad y su notable erudición, fundamentales en la historia de la literatura mexicana moderna, e incontables y substanciosas notas de lectura, es un teórico del fenómeno poético que pone el ejemplo de claridad, brevedad y capacidad de condensación lírica en los libros que consideró suficientes para dejarnos un testimonio poético lleno de originalidad, de lucidez metafórica y sinceridad.
Afirmemos de nuevo y constantemente que una de las virtudes esenciales del poema es la sinceridad. De ella nacen las palabras y se expresan las sensaciones. Decía López Velarde que “la única originalidad poética es la de las sensaciones”. Asi afirmaba su credo simbolista y nos dejaba una lección sobre su búsqueda de lo original no como un prurito sino como un ejercicio signado por la naturalidad, por esa fidelidad a la emoción de la cual nace un poema en el que resplandecen los adjetivos novedosos e indispensables para dar fuerza a los sustantivos.
Si el adjetivo cae en el lugar común, asesina al sustantivo y, por ende, destruye el poema. Todo eso me enseñó Alí, maestro sin campanudas retóricas, amigo y, sobre todo, paradigma de la justa y sacrosanta brevedad. El, Rulfo, Gorostiza, y Torri son ejemplos señeros de esa noble y prudente actitud frente a la escritura.
También me indicó la urgencia de la sinceridad y la búsqueda de las palabras necesarias para expresar la emoción de la cual brota el poema; lo cito: “Yo, pecador, a orillas de tus ojos/ miro nacer la tempestad”. Peregrino, poeta que habla desde el reposo, tenía la obligación de cantar, pero lo hacía dominando la tentación de lo tumultuoso. Sus tres libros así lo demuestran. Siguiendo la esperanzada promesa de Quasimodo: “en el justo tiempo humano, renaceremos sin dolor”, renacen en cada lectura, viven y laten cada vez que los decimos en voz alta. Decía José Gorostiza, otro maestro de la exactitud: “sucede a veces que, así como Venus nace de la espuma, la poesía nace de la voz”.
Al pensar en estos temas recordé a Eugenio Montale, quien tanto y tan bien reflexionó sobre la poesía y los poetas. Decía el maestro italiano: “al igual que la música, la poesía puede ser un desahogo y, para algunos, una confesión. No tiene utilidad inmediata alguna, pero sí una especie de pureza esencial debida en gran parte al escaso interés que despierta en los comerciantes del libro”.
No tiene utilidad inmediata y, paradójicamente, puede ser tan necesaria como el pan, el vino y la sal. Eliot, por su parte, nos dice que puede proporcionar placer, comunicar una experiencia nueva, interpretar lo ya conocido, decir algo que todos hemos experimentado sin encontrar palabras para expresarlo, ampliar nuestro conocimiento y madurar nuestra sensibilidad.
Derek Walcott tiene otro acercamiento a la definición de la poesía “ese suspiro incesante, el afán por escuchar de nuevo el sonido perdido”. Estas palabras, puestas en la boca de un Aquiles bebedor del ron destilado por Ma’Killman en la playa de la pequeña Santa Lucía, concentran la grandeza del Homero griego en el Caribe.
Tal vez por culpa de todas estas vertiginosas paradojas, sea tan difícil definir esta tarea hecha de palabras, emociones, pensamientos, dudas, certezas vacilantes, ritmos y juegos con el hermoso lenguaje. Como a Lezama Lima, se nos escapa como un gato gracioso, cuando parece haber alcanzado su definición mejor.
Montale no se equivocó ni se equivocará en el futuro. “No tiene utilidad inmediata alguna”; sólo tiene esa pureza esencial del primer día de la creación, el intento indefinible de reconciliarnos con la otredad.
Quise limitar mis palabras a estos temas subyugantes a los que dedicamos horas y horas de reflexión e intercambio de ideas pero, de repente, aparecieron nítidas y precisas, las palabras de La suave patria, el poema del padre soltero de nuestra poesía actual, Ramón López Velarde.
En un ensayo reciente Marco Antonio Campos nos habla de los versos en los que Pablo Neruda hallaba “el purísimo patriotismo” de nuestro joven decano. Los conozco de memoria y cada vez que los pienso me entregan algo nuevo. Con toda razón, López Velarde habló de “la novedad de la patria”, y lo hizo en el trágico momento en que el pueblo de la infancia era “el edén subvertido que se calla en la mutilación de la metralla”.
Tiempos de desasosiego y desánimo, de esperanzas truncadas, sin una luz al final del túnel. Nos dice en su ensayo escrito en 1921 “Han sido precisos los años del sufrimiento para concebir una patria menos externa, más modesta y probablemente más preciosa”. El poeta observa una patria profunda, creciendo hacia adentro y “una nacionalidad a la que volvemos por amor… y pobreza”.
En otros tiempos dolorosos, agobiados por las más lacerantes contradicciones, por la corrupción, la violencia homicida, la pobreza extrema, la injusticia, la cháchara redentorista y el terrible crecimiento de los fundamentalismos, tenemos la tentación de abominar de la política, pero la vencemos, pues es doblemente peligroso desconfiar de todo y de todos.
El camino de salida va de la mano de la democracia; es este pueblo pobre y poderoso, el pueblo de esta patria “hecha para la vida de cada uno”, el que señala a las clases política y empresarial, a los partidos y a los intelectuales, la obligación de ser honestos, caritativos y tolerantes; en suma, discreta y apasionadamente patrióticos.
Tal vez suene anacrónico o pueda parecer demagógico, pero a veces es necesario ser “como el tenor que imita la gutural modulación del bajo” y decir palabras como patria, futuro y esperanza, aunque frente a nuestra cándida nariz, rían los eternos polkos o se burlen los falsos cosmopolitas.
Dice López Velarde -¡siempre López Velarde!- que “lo innominado del ser de la patria no nos ha impedido cultivarla en versos, cuadros y música”. Hablemos esta noche de algunos versos en los que esta geografía aparece para llamar nuestra atención. Vale la pena ser morosos y detenernos en algunas citas de nuestros poetas.
Hay ahora muchos desatentos a quienes califica como “gente sin amor, fastidiada, con prisa de retirar el mantel, de poner las sillas sobre la mesa, de irse…”, que no entenderán nuestra urgencia de redefinir, a través de la poesía, algunas de las cosas y de los seres más entrañables de esta patria modesta, atribulada, rica y miserable (“en piso de metal vives al día, de milagro, como la lotería”). No lo entenderán o pensarán que se trata de un irrelevante juego retórico.
No van para ellos estas palabras, pues no detendrán su prisa ni apagarán “el sonido y la furia” de su trajinar sin ton ni son. Van para los cándidos volterianos capaces de escuchar a los demás, de respetar las verdades distintas a las suyas, y defender el santo derecho a pensar, acertar o equivocarse. Van para los aspirantes a justos y para los que no esgrimen sus certezas como armas arrojadizas; para los que dudan, aciertan o se equivocan por amor; para los que, como Montale, pensamos que la poesía no tiene utilidad inmediata alguna y es, por lo tanto, absolutamente imprescindible.
Cuauhtémoc, nuestro “único héroe a la altura del arte, es objeto de la admiración de Carlos Pellicer: “Señor, tu voluntad era tan bella, que en la tragedia de tus meses imperiales, se aceleraba el ritmo de las grandes estrellas”. El joven abuelo imantó al idioma del blanco y, en su hermoso fracaso, se convirtió en la mejor de nuestras monedas espirituales.
Pellicer, es otro de los poetas que mejor han observado las novedades de la patria y que, para nuestra fortuna, mantuvo intactas su capacidad de admiración y de deslumbramiento, nos habla de Juárez de la siguiente manera: “Eres el Presidente vitalicio, a pesar de tanta noche lúgubre. La República es mar navegable y sereno si el tiempo te consulta”. Tiene razón, hemos perdido la serenidad porque leemos poco el gran libro de nuestra historia, y ya no recordamos sus lecciones, porque no consultamos a los buenos navegantes de nuestros mares civiles.
En la poesía de Octavio Paz, aparece en toda su radical inocencia Madero y su mirada que nadie contestó: “¿por qué me matan?” La inteligencia poderosa de Paz descubre que, en nuestros momentos mejores, de repente salta “el sapo verdusco”, el de “los fines de semana en su casa blindada junto al mar”. Ese sapo avariento, hinchado de poder, suspicaz y traicionero, contra el cual debemos luchar para “echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre”.
En los pueblos pequeños y las ciudades de provincia, crecen las palabras constructoras de un mundo poético que late también en la capital, ahora sitiada por una violencia nacida de su propio pecho, alimentada por los contrastes abismales, por el estruendo de este tiempo nuestro, por “los inviernos de nuestro descontento”.
En los dos ámbitos conviven las memorias de lo cálido y pequeño con el desasosiego propio de las sociedades contradictorias. González León nos dice: “lo hogareño lindante con lo triste: las historias calladas, las ventanas cerradas, el patio donde lo húmedo persiste…”, y Efraín Huerta ve en la avenida Juárez “un mar de voces huecas, un gemir de barbarie”. Por eso acierta: a veces “uno pierde los días, la fuerza y el amor a la Patria”.
Recordando a González León vino también a la memoria, que mi primer acercamiento al misterio de la poesía se dio a través de la lectura de un poema del boticario de Lagos de Moreno, el consanguíneo de López Velarde, el amigo de Rodenbach, el simbolista belga, autor de Brujas, la muerta. Lo leí cuando tenía ocho años, y me causó emociones difíciles de explicar. Hablaba de la novia de la escuela, la celebraba y lloraba su ausencia.
El poema tenía una simplicidad complicada (López Velarde pensaba que su sencillez tenía “paréntesis laberínticos”) y una originalidad proveniente de la riqueza sensorial de un poeta, calificado por los críticos capitalinos como “cantor de la provincia”. Ninguno de ellos se percató de su refinamiento, que venía de un complejo proceso de difuminación de las imágenes, que nos recuerda a los grandes poetas japoneses.
Lo que le interesaba al poeta de Lagos era la descripción del aura que rodea a las personas y a las cosas, la vibración que emana de los colores y de las distintas etapas de la luz. Sólo López Velarde y, más tarde, Allen Philips, José Emilio Pacheco y Ernesto Flores justipreciaron la breve y penumbrosa obra de uno de nuestros poetas casi olvidados. Estas líneas me produjeron la emoción que emana de la verdadera poesía:
“Sus manos, lenidades de paloma,
sus manos escolares
que me empeñé en besar
sus manos que exhalaban el aroma
de un lápiz acabado de tajar”.
Don Francisco aparece en mi recuerdo-sueño como un viejecito delgado y frágil; vestía traje de lustrina negra, usaba cuello de palomita y un corbatín negro. Se cubría la cabeza con un sombrero igualmente oscuro y, a veces, se apoyaba en un bastón delgado y casi pastoril. Mi abuela, laguense irredenta, lo conocía y había leído algunos de sus poemas menos felices (los de la primera etapa, escritos para los juegos florales y llenos de referencias provenzales); un día me dijo que Don Panchito tenía una tertulia en una banca de la plaza de armas, enfrente de la Parroquia de Lagos que tiene empaque de Catedral.
Me aposté en una esquina, y esperé a que se levantara de la banca para dirigirse a casa. Me coloqué en su camino y le dije: “perdone, señor, yo sé que usted es poeta”. Me miró con sorpresa y benevolencia. Me puso una mano en la cabeza y me dijo: “sí hijito, pero ya no lo vuelvo a hacer”. Cada vez que escribo un poema pienso en el anciano boticario, en su tristeza:
“Por ese parentesco
que tengo con la tarde
y porque el alma
ya se me ha quedado inútil
en su afónica tristeza,
con el ademán callado
de quien se encuentra apoyado
a la orilla de una mesa,
pensativo y olvidado”.
Pienso en su contenido gozo de los alimentos terrenales, en su discreto refinamiento. Atesoré su recuerdo en mi memoria y lo hago renacer cada vez que digo en silencio alguno de sus poemas. Lo mismo me sucede, pero ya en otras épocas, con Rafael Alberti, mi hermano mayor, mi maestro, el más terso de los poetas de la generación del ’27. Conviví con él en Roma y creo que sus lecciones de algo me sirvieron, precisamente porque no eran lecciones sino comentarios espontáneos, diálogos improvisados.
De Alberti aprendí que los frutos de la experiencia no son siempre sabrosos y aprovechables. Así lo dice en uno de sus libros: “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”. Otras voces amistosas que me han ayudado a ver un poema son las de José Carlos Becerra, Carlos Monsiváis, José Hierro y Félix Grande. Fueron críticos implacables. Me ayudaron y por eso atesoro su amistad.
Otras voces que escuché y sigo oyendo son las del bolero, las de los sones y los cantos populares. En uno de mis libros hay un epígrafe tomado de la canción cubana “Total”: “Pensar que llegar a quererte es creer que la muerte su pudiera evitar”. En otro poema requerí de la ayuda de Vicente Garrido: “pues teniéndolo todo nada te puedo dar”. Los versos populares me develaron los misterios de la musicalidad natural y espontánea, y me hicieron gozar con su picardía e ingenuidad:
“A usté que le vuela el anca,
y a mí que me aprieta el cincho,
que habiendo tanta potranca
sólo por usté relincho”.
o el pícaro canto alteño:
“Comadre, vamos al agua,
al pozo del otro día,
onde le quebraron l olla
a la probe de mi tía.
Ay, ay, ay, ay,
ella la culpa tenía
pos la muy santa siñora
onde quera la ponía”.
Todos estos elementos musicales demuestran que la cultura académica y la popular tienen estrechos lazos, y que la una enriquece a la otra, a pesar de los deterioros provenientes de lo que Marcuse llamaba “la cultura comercial”.
Alfonso Reyes nos entregó el más profundo testimonio de nuestro origen en su Visión de Anáhuac. La validez de su teoría sigue en pie, pues como afirma Yeats: “lo único que permanece de la filosofía y de la ciencia es aquello que se ha poetizado”.
José Carlos Becerra soñó con la ciudad primordial, La Venta de las figuras con el rostro de la infancia perenne. “Se abre la noche sobre ustedes, cabezas de piedra que duermen como una advertencia. Se detiene la luna sobre el pantano, gimen los monos; allá, a lo lejos, el mar merodea en su destierro, esperando la hora de su invencible tarea”.
Nuestros poetas se han acercado a los grandes momentos de la historia y han encontrado sus ecos y reflejos en su vida personal: “Mientras la casa se desmoronaba yo crecía. Fui (soy) yerba; maleza entre escombros anónimos”, dice en sordina Octavio Paz, y Jaime Sabines, en la mañana aterida de la gran ciudad saluda “a los pájaros que no salen del nido, a las mujeres que se están entregando, a los sabios, a los combatientes del frío!
Yo no quiero ofrecerles un poema, yo quiero darles un vaso de leche caliente a cada uno”. Eso y “el santo olor de la panadería”, son una casi completa plataforma económica para un buen partido político. Si le agregamos libertad, justicia, solidaridad y respeto a los derechos ajenos, el programa cantaría su perfección en el mejor de los mundos posibles.
Quiero terminar este recuento con la voz de Enrique González Martínez celebrando a la más genial, joven y prometedora de nuestras escritoras, Sor Juana Inés de la Cruz: “el eco va a morir, mas por ventura, en la voz de la monja mexicana el son antiguo se renueva y dura”. Que Juana de Asbaje nos dé la lección magistral para normar nuestros criterios en literatura, y política, en los oficios y la vida. Recordemos su Respuesta a sor Filotea de la Cruz: “pues como yo fui libre para disentir de Vieyra, lo será cualquiera para disentir de mi dictamen”.
He aquí otro programa para la vida civil, para esta convivencia humana verdadera, buscada con tanto afán por Voltaire y todos los maestros de la tolerancia concebida como una preciosa manera del amor.
Es tiempo de acabar estas palabras. Esta noche tiene para mí un contenido mágico, magnificado por mis muchos años, por el prestigio de la Academia y por la amistad de mis compañeros.
Les hablé al principio de un discurso exclusivamente celebratorio. Lo ha sido a su modo, pues sigo pensando que “el purísimo patriotismo” que vio Neruda en el poema de López Velarde, adquiere en el actual momento de nuestro país una urgencia insoslayable. No creo haber idealizado a la tarea poética, pues, como dice Eliot: “La poesía puede, en cierta medida, preservar y hasta restaurar una lengua”. No tiene utilidad inmediata alguna y apenas cuenta, salvo excepciones notables, con unos pocos lectores.
Tal vez en esto radique su misteriosa permanencia a través de los años y los daños. Braque confesaba que para que un objeto despertara su interés artístico “era necesario que, primero, se hiciera ajeno a su cualidad utilitaria”.
No necesita de mucho la poesía para sobrevivir. Odisseas Elytis lo decía, poco antes de morir: “los intelectuales esbozan una sonrisa y los poetas reflexionan. No. Se necesita otra cosa. Tal vez la ingenudad. Mejor dicho, la ingenuidad y la gracia juntas”. Frente a los golpes más fuertes -esos golpes “como del odio de Dios”, diría Vallejo-, el poeta, y termino con otra frase de Elytis, piensa que todo es “como si se partiera el mundo en dos: de un lado lo inevitable del destino; y del otro, lo infalible de una margarita”.
Esta flor es a veces más poderosa que la muerte, puede embellecer la vida en algunos instantes dorados y no tiene utilidad inmediata alguna. Es, como todas las patrias de los hombres, el lugar de la partida y el regreso, la Itaca en los ojos del alma, la ciudad que siempre va con nosotros, “el ave que el párvulo sepulta en una caja de carretes de hilo”.
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Multitudinario homenaje a Gabriel García Márquez
en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española. ( CILE. )
Cartagena de Indias – Marzo 26 al 29 del 2007.
El IV CILE se inauguró en un auditorio abarrotado, donde los presentes dedicaron un caluroso homenaje a Gabriel García Márquez, quien recordó a «todos los escritores, poetas, narradores y educadores de nuestra lengua» el desafío de multiplicar «una muchedumbre hambrienta de lectura de textos en lengua castellana».
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…(…)…Sería difícil encontrar un marco más adecuado, un contexto mejor que este Congreso, para tributar un homenaje a Gabriel García Márquez, a quien felicitamos por tantas cosas: por su ochenta cumpleaños, por el veinticinco aniversario de su Premio Nobel y por los cuarenta años de la publicación de Cien años de soledad…(…)…
Juan Carlos de Borbón,
Rey de España.
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Gabriel García Marquez
IV Congreso de la Lengua española Cartagena 2007
El discurso de Gabriel García Márquez durante el homenaje que recibiò en Cartagena el año 2007 revela detalles inéditos y divertidos acerca del proceso de escritura de Cien Años de Soledad. El discurso aparece como preámbulo del documental “Buscando a Gabo” .
Palabras
Ni en el más delirante de mis sueños, en los días en que escribía Cien años de soledad llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura.
Hoy las Academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un millón de lectores, y hacia un artesano, insomne como yo, que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido.
Pero no se trata ni puede tratarse de un reconocimiento a un escritor. Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana, y por lo tanto un millón de ejemplares de Cien años de soledad no son un millón de homenajes al escritor que hoy recibe, sonrojado, el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostración de que hay millones de lectores de textos en lengua castellana esperando, hambrientos, de este alimento.
No sé a qué horas sucedió todo. Sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado, para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente.
En mi rutina de escribir, nada he cambiado desde entonces. Nunca he visto nada distinto que mis dos dedos índices golpeando, una a una y a un buen ritmo, las 28 letras del alfabeto inmodificado que he tenido ante mis ojos durante estos setenta y pico de años.
Hoy me tocó levantar la cabeza para asistir a este homenaje, que agradezco, y no puedo hacer otra cosa que detenerme a pensar qué es lo que me ha sucedido. Lo que veo es que el lector inexistente de mi página en blanco, es hoy una descomunal muchedumbre, hambrienta de lectura, de textos en lengua castellana.
Los lectores de Cien años de soledad son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo.
No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano.
El desafío es para todos los escritores, todos los poetas, narradores y educadores de nuestra lengua, para alimentar esa sed y multiplicar esta muchedumbre, verdadera razón de ser de nuestro oficio y, por supuesto, de nosotros mismos.
A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».
No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme. Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante dieciocho meses, hasta que terminé el libro.
Parecerá mentira, pero uno de mis problemas más apremiantes era el papel para la máquina de escribir. Tenía la mala educación de creer que los errores de mecanografía, de lenguaje o de gramática, eran en realidad errores de creación, y cada vez que los detectaba rompía la hoja y la tiraba al canasto de la basura para empezar de nuevo.
Con el ritmo que había adquirido en un año de práctica, calculé que me costaría unos seis meses de mañanas diarias para terminar.
Esperanza Araiza, la inolvidable Pera, era una mecanógrafa de poetas y cineastas que había pasado en limpio grandes obras de escritores mexicanos, entre ellos La región más transparente, de Carlos Fuentes; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y varios guiones originales de don Luis Buñuel.
Cuando le propuse que me sacara en limpio la versión final, la novela era un borrador acribillado de remiendos, primero en tinta negra y después en tinta roja, para evitar confusiones. Pero eso no era nada para una mujer acostumbrada a todo en una jaula de locos.
Pocos años después, Pera me confesó que cuando llevaba a su casa la última versión corregida por mí, resbaló al bajarse del autobús, con un aguacero diluvial, y las cuartillas quedaron flotando en el cenegal de la calle. Las recogió, empapadas y casi ilegibles, con la ayuda de otros pasajeros, y las secó en su casa, hoja por hoja, con una plancha de ropa.
Lo que podía ser motivo de otro libro mejor, sería cómo sobrevivimos Mercedes y yo, con nuestros dos hijos, durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte. Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa.
Habíamos resistido a la tentación de los préstamos con interés, hasta que nos amarramos el corazón y emprendimos nuestras primeras incursiones al Monte de Piedad.
Después de los alivios efímeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes había recibido de sus familiares a través de los años. El experto las examinó con un rigor de cirujano, pasó y revisó con su ojo mágico los diamantes de los aretes, las esmeraldas del collar, los rubíes de las sortijas, y al final nos los devolvió con una larga verónica de novillero: «Todo esto es puro vidrio».
En los momentos de dificultades mayores, Mercedes hizo sus cuentas astrales y le dijo a su paciente casero, sin el mínimo temblor en la voz: «Podemos pagarle todo junto dentro de seis meses».
«Perdone señora —le contestó el propietario—, ¿se da cuenta de que entonces será una suma enorme?».
«Me doy cuenta —dijo Mercedes, impasible—, pero entonces lo tendremos todo resuelto, esté tranquilo».
Al buen licenciado, que era un alto funcionario del Estado y uno de los hombres más elegantes y pacientes que habíamos conocido, tampoco le tembló la voz para contestar: «Muy bien, señora, con su palabra me basta». Y sacó sus cuentas mortales: «La espero el 7 de setiembre [sic]».
Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de la ciudad de México, para enviar a Buenos Aires la versión terminada de Cien años de soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina, a doble espacio y en papel ordinario y dirigidas a Francisco Porrúa, director literario de la editorial Suramericana.
El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: «Son 82 pesos».
Mercedes contó los billetes y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera, y se enfrentó a la realidad: «Sólo tenemos 53».
Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires, sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte. Pero antes de que consiguiéramos el dinero para mandarla, ya Paco Porrúa, nuestro hombre en la editorial Suramericana, ansioso de leer la primera mitad del libro, nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarla.
Fue así como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy.
Muchas gracias.
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CONMEMORACION DE DOSTOIEVSKY.
1958. Suplemento Literario del Novedades.
Por Max Henríquez Ureña
( 1886-1968)
El 9 de febrero de 1956, al cumplirse tres cuartos de siglo de la muerte de Dostoievsky, se rindieron en toda Rusia grandes homenajes a su memoria. De esta suerte quedó levantado el interdicto – así podemos llamarlo- que estaba vigente contra la obra de Dostoievsky, cuya lectura y difusión, aunque no expresamente prohibida, no contaba con el beneplácito oficial, lo que equivalía a una prohibición indirecta. Según años ha explicaba el sutil diplomático Máximo Litvinoff, que al premier Stalin no le complacía que el pueblo ruso leyera al sombrío Dostoievsky, y encontraba que era “demasiado místico” para ese pueblo. Al Parecer, Stalin empleaba el vocablo “místico” en su más clásica acepción: “lo que envuelve misterio o razón oculta”, pues Dostoievsky nos describe una humanidad sujeta a impulsos ocultos, recónditos e irrefrenables del subconciente.
Si alguna literatura alcanzó rápida preeminencia durante el siglo XIX fue, sin duda, la rusa; y dentro de esa literatura no hay una personalidad más vigorosa ni más original que la de Dostoievsky. Tampoco la hay más alta, ni en esa ni en otras literaturas, pues difícil será encontrar quien lo supere, o iguale como creador de caracteres. Dostoievsky supo infundir calor de vida a la realidad que describía, especialmente a la realidad psicológica.
Podemos considerar a Nicolás Gogol, que murió a mediados del siglo XIX, cuando Dostoievsky se daba a conocer, como el verdadero creador del realismo en Rusia, tanto en la novela –ahí están Tarass Bulba y Las almas muertas– como en el teatro, con la comedia El revisor. Su influencia sobre Dostoievsky es evidente, pero bueno es observar que otros autores rusos de la primera mitad del siglo XIX, aunque no fueran precisamente realistas, también influyeron en Dostoievsky; así Puchkin y Lermontof, que son las dos figuras de mayor relieve en el romanticismo ruso. Cierta nota de sentimentalismo y de ternura que encontramos a veces dentro del crudo realismo de Dostoievsky, proviene sin duda de ellos.
Dostoievsky, nacido en 1821 y muerto en 1881, tuvo dos contemporáneos de gran significación en la historia literaria. Uno era Iván Turgenef, que le llevaba tres años (nació en 1818 y murió en 1883); pero el realismo de Turgenef era un realismo amable o, por mejor decir, un realismo poético. Sus atisbos psicológicos tienen una gran finura y sutileza, como podemos apreciar en su novelita Primer amor, que inspiró a Rubén Darío su famoso Era un aire suave… La otra gran figura que surge en las letras rusas de aquellas épocas es León Tolstoi, que vino al mundo en 1828, siete años después que Dostoievsky y sobrevivió reverenciado como profeta hasta 1910. Tanto Turguenef como Tolstoi cultivaron, como también lo cultivó Dostoievsky, el realismo, pero cada uno de los tres tiene su tónica propia. o, si se prefiere, cada uno tiene su realismo propio, que se diferencia del de los otros dos; el de Turguenef es refinado y sutil; el de Tolstoi, en cambio, es fuerte, intenso en la descripción de las grandes pasiones. El de Dostoievsky se distingue por el vigor con que capta lo vicioso y lo anómalo, como en El jugador y en El idiota, o el ambiente del crimen, como en Crimen y castigo, Los hermanos Karamazof y La casa de los muertos; o la vida angustiosa de los desheredados y los oprimidos, como en Pobre gente y en Humillados y ofendidos.
Vale la pena examinar cuáles fueron los autores extranjeros que más influyeron sobre Dostoievsky, pero es bueno tener en cuenta que Dostoievsky era un lector desenfrenado; leyó lo mismo a Walter Scott que a Eugenio Sue, el romántico y folletinesco autor de Los misterios de París y El judío errante, y hasta parece haber leído a Paul de Kock, aquel autor frívolo y superficial, cuya lectura se consideraba pecaminosa merced a ciertos cuadros suyos que hoy nos parecerían el fruto de la más innocua e insulsa pornografía. De modo concreto debe señalarse, de todos modos, el ascendiente que sobre Dostoievsky tuvieron Dickens y Balzac, principalmente este último, cuya Eugenia Grandet tradujo Dostoievsky al ruso. La lectura de Georges Sand no dejó huella visible en su producción. Sí la dejaron otros autores, como el alemán Hoffmann, cuyo sentido de lo fantástico a veces forma liga con el sentimiento de lo anómalo que predomina en Dostoievsky. Todas estas influencias están presentes en la primera etapa de la producción de Dostoievsky, y a veces superviven, como la de Hoffmann, hasta una etapa posterior; pues la obra de Dostoievsky debe dividirse, para examinarla metódicamente, por lo menos en dos etapas: la primera va de 1846 a 1849, y después de esa producción se interrumpe por diez años, hasta 1859, que es cuando podemos decir que se inicia la segunda etapa, y Dostoievsky se lanza a viajar por Alemania, Francia, Italia, y Suiza, circunstancia que también influye en él, aunque ya para entonces sus rasgos esenciales como escritor están cabalmente definidos.
Dostoievsky se dio a conocer con una pequeña novela, Pobre gente, que no llega a doscientas páginas del tamaño usual. Su éxito fue tan brusco como inesperado. Grande fue el asombro de Dostoievsky cuando su amigo Gregorovitch, a quien la leyó, le arrebató entusiasmado el manuscrito para ir a mostrárselo al afamado poeta Nekrasof, que pertenecía a la misma generación. La impresión de Nekrasof fue también profunda, y ambos acudieron a las tres de la madrugada a despertar a Dostoievsky para congratularlo. Y a la mañana siguiente, como quien acude en apelación al Olimpo, Nekrasof llevó la obra a Byelinski, que aunque solo tenía treinta y cinco años era el crítico literario más admirado y temido en San Petersburgo o, lo que más, era el que con sus admirables estudios sobre Puchkin y Gogol, había creado la verdadera crítica literaria en Rusia. “! Ha surgido un nuevo Gogol!”, le gritó Nekrasof. Byelinski tomó el manuscrito, no sin cierto escepticismo, pero, apenas avanzó algunas páginas, quedó maravillado. “Usted no se da cuenta de lo que ha escrito –dijo después a Dostoievsky-. ¡Cuánta verdad y cuán auténtica y artística inspiración hay allí!” Con ese espaldarazo, Dostoievsky se hizo célebre de un golpe, si bien su estrella palideció un tanto en los años subsiguientes: de 1846 a 1849 publicó once novelas breves (incluyendo en ese número algunas cuya extensión es la de un cuento), y estas obras, en opinión de los críticos (empezando por Byelinski, de quien Dostoievsky se distanció), no podían compararse con Pobre gente, a pesar de que entre esas producciones se contaban dos estudios de fina psicología de la adolescencia: Nietochka Nezvanovana y El pequeño héroe, si bien este último boceto no se publicó sino años después. Dostoievsky escribió esta novelita cuando se encontraba preso en San Petersburgo, en espera en que se dictara sentencia en la causa que se le siguió por conspiración. Es este proceso el que divide en dos la vida y la obra de Dostoievsky.
¿Tenía algún fundamento la acusación que se le hizo? Es posible que sí, pero lo que sorprende es la magnitud de la pena que se pidió para él. Se le imputaban varios hechos que eran ciertos: que asistía a las reuniones de un círculo de adherentes al sistema de falanges y falansterios ideado por el socialista francés Fourier a principios del siglo XIX; que había opuesto reparos al carácter rígido de la censura existente; que leía u oía leer folletos prohibidos; y por último, que había ofrecido su ayuda para el establecimiento de una imprenta. Como se ve, nada de eso parece que puede considerarse como audacia grave; pero de otro modo pensaba la justicia de los Zares; y Dostoievsky fue condenado, con veintiún compañeros más, a la pena de muerte.
El Zar lo perdonó: teatralmente llegó el perdón para todos en el momento en que la ejecución iba a dar comienzo. A Dostoievsky le fue conmutada la pena por la de diez años de trabajos forzados en Siberia; pero después se modificó la condena, y le correspondieron cuatro años de reclusión en una casa de corrección siberiana y cuatro años de servicio militar como soldado raso. Sus experiencias y sufrimientos en la prisión están descritos en su insuperable libro La casa muerta (o mejor: La casa de los muertos), que Georg Brandes califica así: “Descriptiva y psicológicamente es una de las más grandes obras maestras de que puede enorgullecerse una literatura”. Por cierto, y valga esta referencia incidental, existe en español un libro que el inolvidable don Ramón del Valle-Inclán juzgaba comparable al de Dostoievsky: Del cautiverio, en el que Manuel Ciges Aparicio amalgamó sus recuerdos e impresiones de dos meses que estuvo preso en La Habana, en la prisión militar de La Cabaña, en los últimos años del régimen colonial español. Esa obra de Ciges Aparicio es, en verdad, digna de franco encomio, pero, a pesar del entusiasmo que provocó en Valle-Inclán, no alcanza el grado eminente de la de Dostoievsky.
Esta segunda etapa de la producción de Dostoievsky es, casi toda, de obras maestras, salvo alguno que otro ensayo menos feliz, como El eterno marido. Dostoievsky produjo, a partir de entonces, obras de gran extensión. Acaso podría ponérsele un reparo: a veces resulta innecesariamente repetido y difuso, pues hay muchos diálogos que podrían reducirse a la mitad. Las grandes novelas son: Humillados y ofendidos (publicada en 1861, casi a un tiempo con La casa de los muertos); Crimen y castigo, que data de 1886; El Idiota, que es de 1868; y Los hermanos Karamazof, la más extensa de todas, no publicada hasta 1879.
Después de su prisión y sus sufrimientos durante tantos años, el sistema nervioso de Dostoievsky quedó totalmente arruinado. Por remate, empezó a sufrir ataques epilépticos, que se repetían a intervalos más o menos largos, aunque a veces tenía crisis renovadas con intermitencias sólo de horas o de días. Inutilizado por esos ataques con mayor o menor frecuencia, pudo seguir, sin embargo, escribiendo obras maestras que, por extraño que parezca, acaso no habría podido escribir si hubiera estado exento de esa clases de quebrantos; obras como El idiota no podía haberlas escrito si no hubiera sido víctima de ataques epilépticos. No importan los fenómenos de amnesia que por lo general se acoplan a esas crisis de la epilepsia, ni la depresión orgánica inmediata que causan: hay, en relación con semejantes crisis, una a modo de inconsciencia lúcida, valga la paradoja, que a un hombre de superior capacidad intelectual, como Dostoievsky, le permite retener en la mente un haz de sensaciones que de otro modo irían a sepultarse en el fondo de la subconsciencia, y de allí no saldrían más. Dostoievsky es el primer escritor que pone en juego impulsos subconscientes que provocan actitudes imprevisibles. Naturalmente, en su tiempo no se hablaba de complejos, ni aún, a derechas, del subconsciente. La Terminología se renueva más tarde con las teorías de Freud a quien Dostoievsky, sin pretenderlo, se anticipa.
Es cierto que Freud incurrió en extremismos deplorables, pues, por ley ineludible, en tales excesos suelen caer los que lanzan al mundo alguna teoría nueva, y en el deseo de magnificarla, la falsean; pero dejando a un lado esos extremismos, y descartando la exageración desmedida del sentido sexual que se ha querido dar a muchas actitudes humanas, siempre habrá que invocar a Freud como el primer investigador del subconsciente y de los complejos que a su abrigo se forman en el individuo.
En Crimen y castigo es el subconsciente el que manda: es el impulso profundo, que viene de una región remota de la mente, el que obliga a Raskolnikof a dar muerte a la vieja usurera. Una vez realizado el delito, ya Raskolnikof no encuentra paz para su espíritu, porque en realidad, más que matar a la anciana, se ha dado muerte a sí mismo, al Raskolnikof que fue. ¿Dónde encontrar el sosiego, dónde la salvación? Aquel asesino los encontrará en una ramera, en Sonia, que fue llevada a tan baja condición por la necesidad de que sus hermanos menores no perecieran de inanición. Sonia decide a Raskolnikof a confesar su delito a la justicia, y lo acompaña a Siberia: en ese castigo estará la redención de ambos. Y aunque los asuntos sean muy diversos ¿no se reproduce este proceso expiatorio en la Resurrección de Tolstoi, escrita treinta años después, ya al finalizar el siglo XIX?
En Los Hermanos Karamazof volvemos a encontrarnos con el impulso del subconsciente. Esa novela, quizás demasiado extensa, pero muy rica en fuerza psicológica, es la obra de más aliento de Dostoievsky. Acaso Crimen y castigo sea, en el equilibrio y la economía interior de la narración, una obra técnicamente más acabada; pero en Los hermanos Karamazof provoca nuestro asombro el crecido número de tipos y caracteres que constituyen, cada uno de ellos, una creación psicológica por todos conceptos admirable. Tenemos, ante todo, al viejo Karamazof, corrompido, malicioso, aunque de corta inteligencia; a su hijo mayor, único fruto del primer matrimonio, Dmitri, violento e impulsivo, pero no malvado; a Iván, primer hijo del segundo matrimonio, intelectual, escéptico, calculador, duro, y acaso capaz del mal en un momento dado; Y a Alioscha, el menor, bondadoso, inocente y cordial.
En la creación de esos personajes apenas si ha actuado la fantasía de Dostoievsky: es la observación de la realidad la que lo ha guiado para construir esos caracteres.
Al cabo, todo novelista pone en los personajes que crea algún rasgo que capta en otros seres que ha conocido en el trato diario. En este caso, según parece, Dostoievsky se valió de sus recuerdos de la prisión siberiana, donde tuvo como compañeros de cautiverio a tres hermanos complicados en un mismo hecho delictuoso. Los dos mayores profesaban gran cariño al menor, cuyo candor casi angelical hizo profunda impresión en Dostoievsky, y de ahí nació el Alioscha de su novela. Dostoievsky agregó a ese grupo un nuevo hermano, el bastardo Smerdiakof, que es el que en la novela asesina al padre de todos ellos y prepara ciertos efectos de teatro que hacen recaer todas las sospechas sobre Dmitri y sus hermanos legítimos. Dmitri no ha cometido delito alguno, pero moralmente se considera culpable, porque allá, en su fuero interno, ha ideado la muerte del anciano. Iván no ha ejecutado acto material alguno en relación con el delito, pero frases suyas han inducido al bastardo (epiléptico como Dostoievsky) a cometer el crimen. Alioscha sí es totalmente inocente. ¿A quién condena la justicia? A Dmitri, que acaso no es del todo inocente en el orden moral, para su propia conciencia, pero que no es el autor del hecho. ¿Cómo debemos juzgar ese fallo? No pocas páginas dedica Dostoievsky a la falibilidad del juicio humano, y son muchos los problemas de orden moral que se derivan de esta gran novela, como por lo general sucede con todas y cada una de las grandes obras de Dostoievsky.
El Puesto de Dostoievsky en la historia de la literatura rusa es único. Sólo hay una figura que no resulta eclipsada por él: la de Tolstoi. Todas las demás, por luminosas que sean, palidecen ante él.
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CARLOS MONTEMAYOR Q.E.P.D.,sobre
la Literatura Indígena Moderna.flv
La herencia cultural indígena mexicana se manifiesta en toda su expresión en los libros escritos en lenguas madres, salvando incluso las dificultades de una gramática moderna.
Las preocupaciones habituales del ser humano, la cosmovisión, la filosofía, la poesía y la política en su visión indígena encuentran forma y contenido gracias a los encomiables esfuerzos de estos autores que a contracorriente con las políticas de educación de los últimos años, se concentran en valorar y generar obra en idiomas como el maya, tzeltal, tzotzil, tojolabal, totonaco, náhuatl, zapoteco del Istmo, zapoteco de la Sierra, mazateco, huichol y ñähñu.
De las 364 lenguas autóctonas registradas por el INEGI en México, al menos 100 se consideran en grave peligro de desaparición al contabilizar menos de 100,000 hablantes. Sin embargo este tema da mucha tela para cortar siendo los criterios del registro de INEGI muy cuestionables.
Agradecemos al maestro Carlos Montemayor sus reflexiones, y nos solidarizamos con su esfuerzo por valorar la profundidad del pensamiento indígena en el México contemporáneo.
Ánimo Maestro. ‘hnosvegavila”
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Y…gracias a Felipe Ruiz de Chávez en YouTube..
Carlos Montemayor canta Lejos de ti de Manuel M. Ponce.
Carlos Montemayor, tenor y Antonio Bravo al piano interpretan la canción Lejos de ti de Manuel María Ponce.
Lejos de tí (Lontano da te)
Manuel Maria Ponce
Lejos de tí la vida es un martirio, sin alegria, sin luz.
Es la existencia cruel loco delirio porque me faltas tú.
Es triste mañana sonriente, la tarde, el cielo azul.
Todo está gris y lúgubre en mi mente porque me faltas tú.
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Entrevista con Carlos Monsiváis, escritor y activista mexicano.
Tuvimos la gran suerte de poder entrevistar ( actualidad.rt.com ) a Carlos Monsiváis antes de que nos dejara para siempre el 19 de junio de este año ( 2011 ) a causa de una insuficiencia respiratoria. Este escritor y activista mexicano, en nuestra “Entrevista” exclusiva habló de la actual situación de la lengua castellana en México…
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Gracias “PIENSAinmedia” en You Tube;
Germán Dehesa ( 1944 – 2010 ): Mario Benedetti
( A cinco años de su adios )
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Brozo entrevista a Dehesa 1º parte.m4v
Brozo entrevista a Germán Dehesa en el Mañanero, quien presenta su libro “La Familia y otras demoliciones” Año 2000
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Brozo entrevista a Dehesa 2º parte.m4v
Germán Dehesa presenta su libro “La familia y otras demoliciones” en el programa El mañanero que conducía Brozo. Año 2000
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Brozo entrevista a Dehesa parte final.m4v
Fin de la presentación de Germán Dehesa en el programa “EL mañanero” . Habla sobre las chicas de la forestal. Año 2000
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EN VIDA HERMANO, EN VIDA.
Si quieres hacer feliz a alguien a quien quieras mucho… díselo hoy, sé muy bueno En vida, hermano, en vida… Si deseas dar una flor, no esperes a que se marchite mándala hoy con amor En vida, hermano, en vida… Si deseas decir “te quiero” a la gente de tu casa al amigo cerca o lejos, hazlo ahora. En vida, hermano, en vida… No esperes a que se muera la gente para quererla y hacerle sentir tu afecto En vida, hermano, en vida… Tú serás mucho más feliz si aprendes a hacer felices, a todos los que conozcas. En vida, hermano, en vida… Nunca visites panteones, ni llenes tumbas de flores, llena de amor corazones. En vida, hermano, en vida…
Ana María Rabatté y Cervi.
( 1933 – 2010 )
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Cámara de Diputados. en YouTube;
30 de Abril del 2013
Entrega de la Medalla Eduardo Neri y Legisladores de 1913, al
Licenciado Jacobo Zabludovsky Kravesky.
( Discurso completo )
El galardonado, Jacobo Zabludovsky Kraveski, agradece la distinción de portar la medalla al Mérito Cívico Eduardo Neri y Legisladores de 1913, que premia al ciudadano por su hechos y aportaciones. Recuerda que la medalla es la mejor expresión del anhelo democrático en el que ningún partido impone su voluntad y las cámaras del Congreso de la Unión ejercen sus funciones sin consigna y por acuerdo de sus integrantes. Manifiesta su gratitud por quienes lo propusieron como candidato y por aquellos que disintieron de la candidatura, toda vez que da muestra de la actitud democrática que prevalece. Recuerda al legislador Eduardo Neri como gestor de un movimiento que padeció el régimen de Porfirio Díaz, caracterizado por sus desigualdades. Argumenta que éstas son causa de la pobreza y marginación de la población, en este sentido, destaca la importancia de la reciente reforma educativa. Reitera la frase -palabra es poder- Asimismo, recuerda la posibilidad de la reproducción mecánica de la palabras, primero con el libro, después con el periódico y actualmente con los medios de comunicación electrónicos. Sostiene que una vez que los pueblos satisfacen sus necesidades básicas aspiran a cumplir los ideales de la democracia y agrega que un pueblo bien informado es un pueblo bien gobernado. Refiere el derecho a la libre expresión y sus excesos, y señala la necesidad de neutralizar sus efectos a través de la diversificación. Argumenta que la concentración puede magnificar la dimensión del Estado y atentar contra la democracia, por ello reconoce el trabajo realizado en la reforma en materia de telecomunicaciones, en virtud de la importancia de garantizar la libre competencia. Igualmente, recuerda sus estudios en la UNAM y la riqueza de las disciplinas humanísticas de la casa de estudios, asimismo, agradece a su familia y concluye señalando el significado profundo de la ocasión, el contexto que vive el país y su trabajo como periodista. Asimismo, reitera que su vida no ha sido vana y señala que es una buena ocasión para agradecer a quienes conoce como el público.
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2001. Compilaciones. TV Azteca.
Jacobo Zabludovsky en Ventaneando.
Cuando Jacobo Zabludovsky salió de la empresa Televisa, asistió a entrevistas en varios programas de televisión de TV Azteca para hablar de su futuro en periodismo radiofónico. Esta es su participación en el programa Ventaneando, de Paty Chapoy.
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Entrevista a D.Jacobo Zabludovsky – Parte 1/3
Entrevista a D. Jacobo Zabludovsky de la mano de Carlos Fernández Collado, Presidente de ASICOM y Laura Galguera, vicepresidenta de ASICOM.
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Entrevista a D.Jacobo Zabludovsky – Parte 2/3
Entrevista a D. Jacobo Zabludovsky de la mano de Carlos Fernández Collado, Presidente de ASICOM y Laura Galguera, vicepresidenta de ASICOM.
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Entrevista a D.Jacobo Zabludovsky – Parte 3/3
Entrevista a D. Jacobo Zabludovsky de la mano de Carlos Fernández Collado, Presidente de ASICOM y Laura Galguera, vicepresidenta de ASICOM.
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“MI CIUDAD”
Música y Letra del Yucateco, ‘Guadalupe Trigo’
( José Alfonso Ontiveros Carrilo, 1941 – 1982 ),
Gracias ‘1aguilas231′ en You Tube;
Lola Beltrán.
( 1932 – 1996 )
Mi Ciudad.
Mi ciudad es chinampa
en un lago escondido.
Es zenzóntle que busca en donde hacer nido.
Rehiléte que engaña la vista al girar.
Baila al son
del tequila y de su valentía.
Es jinete que arriesga la vida
en un liénzo de fiesta y color.
Mi ciudad es la cuna
de un niño dormido.
Es un bosque de espejos que cuida un castillo.
Monumentos de glória que velan su andar.
Es un sol
con penacho y sarape veteado,
que en las noches se viste de charro
y se pone a cantarle al amor.
Por las tardes con la llúvia
se baña su piél morena
y al desatarse las trenzas
sus ojos tristes se cierran.
Mi ciudad es la cuna
de un niño dormido.
Es un bosque de espejos que cuida un castillo.
Monumentos de glória que velan su andar.
Es un sol
con penacho y sarape veteado,
que en las noches se viste de charro
y se pone a cantarle al amor.
Es un sol
con penacho y sarape veteado,
que en las noches se viste de charro
y se pone a cantarle al amor.
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Plácido Domingo, Armando Manzanero “Adoro”
(…Una tierna coincidencia nostálgica de amor…
Gracias “SueAnnNivens” en YouTube.)
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Gs a ‘JmesMty’ en YouTube;
La Historia detrás del Mito:
” Eulalio González “Piporro” (1/6)
Uno de los mas recenocidos personajes de la epoca de oro del cine mexicano en la compañia de muchos otros reconocidos personajes famosos. Hasta el dia final de su muerte, y su gran empeño en el arte de la musica mexicana.
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“ESTADO DE DERECHO COMO INSTRUMENTO DE DESARROLLO Y MODERNIZACION.*
Pedro G. Zorrilla Martínez.
( 1934 – 1999 )
Ex -Gobernador de Nuevo León
( 1973 – 1979 )
Un valor que no debemos dejar de apreciar en el sistema jurídico mexicano es su firme vocación –que en la Ley Suprema se manifiesta plenamente- para ordenar la convivencia de tal manera que las finalidades de los individuos, de los grupos sociales de la sociedad entera puedan unas y otras, realizarse.
Para que el Derecho siga fiel a esa vocación, que posibilita justicia en la sociedad y libertades para sus integrantes, debe reconocerse que las normas jurídicas de la convivencia NO tienen su única fuente en la ley y la voluntad del Estado, y que el Derecho también se integra y forma con las manifestaciones de la conciencia de justicia que se dan en los diversos ámbitos sociales; El Derecho, en una sociedad libre y plural, no se agota en las Leyes, así sean éstas su más destacada e insustituible expresión.
El Derecho es así, fundación múltiple y permanente de convivencia, armonía social y cimiento de un Estado y de Poder Político que no se interponen a la realización humana.
La política responde a necesidades, a satisfacer los intereses en juego, pero sobre todo; Es acción que apunta a la realización de los valores y al respeto de los principios del pueblo Mexicano, muchos de los cuales se expresan en la Constitución; Reconoce los valores del Derecho y de los Derechos de los individuos y de la sociedad, y anima una vida social y una acción del Estado para alcanzar condiciones de mejoramiento en todos los ordenes.
Los fines del proyecto nacional determinan la configuración del Estado, las atribuciones y límites del Poder y de sus Titulares y la responsabilidad y libertades de la sociedad y de los individuos.
La historia de México revela la difícil construcción de la convivencia a la medida de las aspiraciones y valores sociales, ésta convivencia, se regula por normas que reflejan opciones políticas, afanes de justicia y apego a la libertad y que reconocen, por lo mismo, pluralismo social, ideas y decisiones distintas en los ciudadanos. Por eso en la política, en la economía y en la cultura hay diversidad de vías, lícitas y posibles; Por ello es que los Derechos se reconocen a los hombres, ubicados en sus distintas situaciones económicas reales; y por lo mismo hay democracia política y cultural, y están abiertas distintas posibilidades de creatividad económica tanto para los individuos cómo para los grupos sociales y el Estado.
No hay en la constitución limitaciones de la dimensión social o individual del hombre, ni visiones parciales que en razón de lo colectivo dejasen de apreciar lo personal, o que por ver sólo esta dimensión ocultaran lo social. No es que la Constitución sea contradictoria al consignar Derechos individuales y sociales, economía pública, social y privada; Derechos políticos a los Mexicanos de las mas diversas opiniones; Libertades económicas y planeación del desarrollo; No es que haya contradicción entre la seguridad jurídica y la reforma de las Leyes, o entre la fijeza de éstas y la posibilidad de impugnarlas cuando son inconstitucionales;
Ni tiene porque haberla entre democracia y eficacia o entre Estado y Sociedad; Hay y habrá siempre tensiones y conflictos, pero cómo signos de vida y con soluciones viables, que se encuentran y fundan en la base general de armonía y unidad. No hay contradicción en la Constitución, sino expresión de pluralidad y libertades; Hay un proyecto nacional y finalidades comunes, pero variados caminos, múltiples autonomías y numerosas vías de justicia.
Las bases de unidad y concordia son suficientemente sólidas, y deberán seguir siéndolo, para que en la vida social y política quepan, al propio tiempo, autonomías Municipales y de las entidades Federativas y Gobierno Federal, autonomías Sindicales y Universitarias, libertad personal y Derechos Sociales, Empresas Privadas y Públicas.
Una política de lineamientos y criterios claros, fundada en los valores y opciones Constitucionales, permite afrontar el cambio y las contingencias de la historia con metas definidas y seguridad en el porvenir, no obstante el carácter plural, diverso y contrastado de la sociedad y a pesar de que en ella deben superarse graves injusticias y preocupantes desigualdades. Los valores sociales apartan riesgos de autoritarismo y de rigidez o parcialidad en las leyes, y por otro lado obligan a actuar contra la marginación y las afrentas de la dignidad.
La acción pública debe ser en atención a principios contenidos en la Constitución y NO ante lo desconocido e imprevisible, en vista de metas simplemente cuantitativas, entre estos principios Constitucionales, que deben inspirar la práctica de Gobierno, destacan los Derechos Humanos.
Estos y el Derecho en general, no pueden condicionarse al desarrollo o terminación de un proceso o proyecto de sociedad, porque valen en todo tiempo cómo principios políticos activos y no sólo en tanto ideales políticos.
La modernización no puede limitarse a un puro racionalismo, a un Estado que fuese el único centro de decisiones, porque la nación habla y decide en muchas otras formas. La representación política no puede ser integral; Por ello los Ciudadanos se manifiestan y participan directamente, expresando variadas experiencias sociales.
En la época actual se dan muchos problemas nuevos, tales cómo los del urbanismo, descentralización política, protección del ambiente o comunicaciones masivas, que entre otros, por su novedad, se atienden frecuentemente sólo en función de instancias administrativas diversas; porque NO Hay aún normas de carácter general que pudieran dar lugar a un cotejo de las decisiones que se toman, éstas deben ser enjuiciadas a la luz de la Constitución, las Leyes y los principios de Derecho.
Sí un Gobierno se limitara, por ausencia de criterios generales de Valor, a actuar dentro de un racionalismo técnico y de un positivismo legalista que no dejara lugar a la participación y a la creatividad, tendería a convertirse en utilitario; no reconocería legitimidad a ningún grupo social y actuaría exclusivamente y sin referencia, en un campo de intereses, Un régimen así ignoraría y se despreocuparía de las normas y del Derecho, no aceptaría sino su propio proyecto para la satisfacción de necesidades sociales, convertiría a la sociedad en un objeto y no la respetaría como espacio de diálogo, crítica, y objeciones.
La Constitución da lugar a múltiples posibilidades dentro de la libertad de pensar, actuar, asociarse y expresarse; El concepto constitucional de planeación democrática no condiciona la participación ciudadana a decisiones oficiales previamente tomadas, ni sujeta, en términos de lógica matemática, un futuro social que debe estar lleno de libertades e iniciativas. Por esto la política mexicana se diseña y realiza en atención a valores y grandes lineamientos básicos; No valdría pretender imponer una sola idea de lo que es socialmente útil y calcular ésta utilidad de una única manera.
En síntesis, el Estado de Derecho, plural, es fundamento de la práctica política y debe serlo de todos los proyectos a vías de solución que se propongan en la sociedad, que tienen sus propias legitimidades y capacidades de intercomunicarse; Este Derecho legitima formas de vida individual y social, que se desarrollan fuera del ámbito de la autoridad pública y que dan origen a múltiples responsabilidades sociales.
Los grupos sociales dotados de autonomía son así, y en una u otra medida, fuentes de Derecho; Orientados de cierta manera, buscan justicia y deben generar sus propias reglas para obtenerla.
Todos tenemos Derechos a dar expresión pública a nuestra opinión y convicciones. Cuando el Derecho establecido por el Estado es, en un sistema Jurídico, uno entre otros, el sistema vitaliza a lo social. De un lado la participación, que es acceso a los centros de poder, y de otra parte la gestión autónoma, que es expresión de un grupo en un espacio que le es propio, son signos distintos e indiscutibles de Democracia y pluralismo social.
El Derecho, así entendido, no se confunde con las costumbres o los principios morales; Hace de una actividad jurídica múltiple y auténtica, principio básico de una vida pública y social moderna, y al través de la técnica jurídica, traduce los conceptos en Justicia y Libertad de los casos concretos.
La multiplicidad de centros de autonomía en la creación de normas se muestra en la autonomía y legislación Universitarias, en el orden Jurídico y la soberanía de las entidades Federativas, en la autonomía y estatutos Sindicales, en la autonomía de Empresas y Sindicatos y los Contratos Ley, en la autonomía y reglamentación Municipal, en las Asociaciones Civiles y sus normas Propias.
El NO reconocimiento de un Derecho, es una experiencia de las más graves; Es preciso que las voces y vivencias diversas de la Sociedad encuentren formas de expresión pública y creen un ambiente de indudable sello democrático.
Hay una indudable legitimidad social en las múltiples voces de TODOS los Grupos y Regiones del País. Los Obreros, las mujeres, los usuarios de servicios, los grupos de vecinos, formulan sus demandas de reconocimiento en el claro lenguaje de la Justicia a que aspiran, de un Derecho que es así motor del Cambio y de mejoramiento Social Y DE NINGUNA MANERA UN MEDIO PARA SILENCIAR O IMPEDIR LA TRANSFORMACION Y LA MODERNIZACION.
Al escucharnos los mexicanos, sabemos que las diversas demandas de uno u otro grupo, de una u otra región, no pueden ser absolutas y han de ser ubicadas, confrontadas y hechas compatibles con las demandas y exigencias de otros grupos que también tienen Derechos. Se requiere una referencia a las normas más fundamentales del Derecho para situar y hacer compatibles con otras tal o cual reivindicación, porque del Derecho Social provienen los principios de estructuración que hacen posible el diálogo efectivo, la inter -comprensión y la unidad; sin referencia a esos principios, no habría sino intolerancia o apatía.
Un espacio con Derechos y Libertades es un ámbito donde coexisten diversas opciones de vida, de trabajo, de solución a los problemas, de interpretación de la realidad. Nadie podría fijar anticipadamente el perfil, las normas, las magnitudes y las experiencias futuras de un proyecto; Sólo sus lineamientos, tendencias y orientación, con base en las opciones populares.
El Derecho permite reconocer y aceptar sin angustia ni inseguridades la parte desconocida e imprevisible que toda sociedad lleva en sí misma y en su futuro. Los factores que dan identidad a la Nación son con los proyectos políticos, referencia indispensable y base de concertación de la vida social; Así, la revalorización del Derecho es en la Política y NO CONTRA DE ELLA.
El Estado de Derecho y su perfeccionamiento, exigen reforzar el Sistema Judicial, su autonomía e independencia, e insistir en la vinculación de las Autoridades Administrativas a las Leyes y al Derecho; Reclaman también, revalorizar sus principios, para que los actos de administración puedan ser confrontados con ellos; y requieren que se manifieste más patentemente en todos sentidos, la dignidad del Poder Legislativo y la trascendencia de las Leyes.
La claridad y conocimiento de Derecho por la sociedad significa un mundo más seguro y comprensible. Los desórdenes mundiales en lo económico, las proyecciones lineales y mecanicistas del futuro y un racionalismo que excluyera lo sobreviviente, lo imprevisible y el Derecho de las futuras generaciones a actuar con libertad, no daría ni seguridad ni animación o concierto al esfuerzo colectivo, lo que si se produce cuando los principios y los valores son claros, cuando el Derecho se relaciona y vincula cotidianamente al Estado y cuando la Leyes se aplican y respetan en la sociedad.
Ello quiere decir, en el México que vivimos; Derecho como factor de calidad de vida y desarrollo, Derecho como garantía de bienestar mayoritario, Derecho como exigencia de modernización en la Sociedad y en el Estado. Derecho como garante de Libertades reales, de soberanía nacional y de Independencia, en un Mundo que obliga al replanteamiento de Ideas, a la afirmación de esencias y a la modernización de instrumentos de Armonía y de Paz.”
*.- Artículo publicado en la revista “TEORIA Y PRAXIS ADMINISTRATIVA, volumen II y IV números 11,12 y 13 de Julio 1989 a marzo 1990, Págs. 109-113, “Racionalidad de la Administración Pública en México.” Instituto de Administración Pública de Nuevo León, A.C.
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Constancia política de Pedro G. Zorrilla Martínez
( 1934 –1999 )
(Entrevista publicada en el Periódico Excelsior el 7 de Febrero de 1973, hecha por Manuel Mejido.)
Monterrey, N. L. 6 de Febrero de 1973.- Pedro Zorrilla Martínez, de 39 años de edad, Doctor en Derecho, Maestro
Universitario y candidato del PRI al Gobierno de Nuevo León, habló hoy a <> sobre las múltiples decepciones que los políticos han causado y siguen causando al pueblo de México y sobre el acceso al poder de los impreparados, los corruptos, los arribistas, los revanchistas, los apáticos, y los indiferentes, de quien dijo;
Debe ponerse un alto a la incompetencia, a la corrupción, al egoísmo y a la condescendencia irresponsable en el seno del sector privado y del gobierno; hay que poner un alto también a las presiones de grupos económicos y políticos tendientes a inclinar en su exclusivo beneficio la capacidad de la comunidad para crear bienestar; hay que poner un alto a la simulación, al engaño, a la autocomplacencia, a la apatía y a la indiferencia>>.
-. ¿Y de qué medios se debe valer el político de hoy para contrarrestar tantos defectos y recuperar la confianza del pueblo?
Después de una breve pausa, Zorrilla Martínez, repuso:
<>.Zorrilla Martínez, que viste una camisa de cuello de tortuga y tiene aspecto juvenil, aunque en sus sienes empiezan ya a aparecer las primeras canas, prosiguió:
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-.?Considera Usted que el sentido de responsabilidad puede elevarse en México o es simplemente una utopía?
Zorrilla Martínez –<
Optimista sobre el problema Universitario. Zorrilla Martínez habla del problema que aqueja a Nuevo León y a muchos otros Estados del País, desde hace seis años: La Universidad.
Y lo hace en los términos siguientes; <>.
Como conclusión del tema, lo siguiente; <> <>.
-.? En que medida el pueblo de México ha perdido la confianza en sus gobernantes?- Preguntamos.
La respuesta de Zorrilla fué inmediata; <>.
NO DEBE HABER BARDAS QUE SEPAREN, ZORRILLA HABLA DE LA FALTA DE COMUNICACIÓN Y DE COMPRENSION ENTRE EL PUEBLO Y LOS GOBERNANTES Y ENTRE LOS MISMOS SECTORES DE LA POBLACION MEXICANA. SOBRE EL PARTICULAR OFRECE EJEMPLOS CONCRETOS:
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-.?Por qué el pueblo mexicano vive de decepción en decepción de sus gobernantes?
Porque se ha abierto demasiado la brecha entre gobernados y gobernantes, por falta de comprensión y, en consecuencia, de acción de una y otra parte. Y esta brecha ha contribuido el acceso de cada vez mayor número de personas a situaciones de poder político, económico y cultural, sin la consiguiente responsabilidad política, económica y social que sólo se logra con un soporte espiritual auténtico, verdadero y sin simulación o demagogia alguna>>.
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