ANÁLISIS Por M. A. Bastenier en El País. «Lo que pasa es que no sabemos lo que pasa.»

En los últimos años se han ido produciendo desarrollos pasablemente portentosos que dan inicio a algo de consecuencias tan decisivas como imprevisibles.

Lo dijo un sabio español hace casi un siglo en una coyuntura distinta y parecida, por la inquietud que genera, a la actual. “Lo que pasa es que no sabemos lo que pasa”. En los últimos años, notablemente en 2016, se han ido produciendo desarrollos pasablemente portentosos que dan inicio a algo de consecuencias tan decisivas como imprevisibles…(…)….

El País.com

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…(…)…Los estados de conciencia que nos permiten advertir el pasado, el presente y el futuro, nos permiten medir el tiempo, es decir apreciar su duración. Esta medida puede ser subjetiva u objetiva. La medida subjetiva, la que nos hace decir que el tiempo se nos ha hecho corto o largo, por ejemplo, no tiene validez más que para cada uno de nosotros. Necesitamos una estimación universal, uniforme, independiente de nuestras impresiones personales, útil para todos: por esa necesidad, hablamos de horas, días, meses, años…

Partiendo de estas sencillas ideas llegamos a una teoría que yo encuentro muy sugestiva y que otorga una gran importancia al presente en cuanto generador del pasado. Como quiera que el ayer, el antes, el pasado, es evocado en el presente por la facultad de la memoria, por nuestra posibilidad de recordar resulta que el hombre más cumplido ante sí mismo y ante la sociedad, será el que haya creado más felices ayeres. Por eso he dicho muchas veces entre amigos, que trabajamos para el día de ayer, para los días de ayer.

Un presente dichoso depende así de un pasado feliz. De este modo, gracias al recuerdo, palabra verde y jugosa de la que manan sin cesar hilillos de agua fría -esto en el decir de García Lorca- , el ayer penetra en el mañana y se funde en un concepto ideal que crea nuetro tiempo, que nos hace, que nos lleva a sobrevivir en la fama, en la buena memoria, en el recuerdo que dejamos. Inevitablemente acuden aquí aquellos versos de Jorge Manrique en la muerte de su padre, que así dicen:

Y aunque la vida murió
nos dejó harto consuelo
su memoria….(…)…

REFLEXIONES SOBRE EL TIEMPO.

Por Alfredo Gracia Vicente
( 1910 – 1996 )
Colección «Las Uvas y el Viento»/10
Ediciones de la Escuela Preparatoria No.1
UANL, MTY.N.L. México 1986.

 

 

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